Colton Burpo, niño que visitó el cielo

Publicado: 5 febrero, 2013 de candijous en Coyuntura, Papaflautismo
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Nos hacemos eco de una entrevista publicada en La Vanguardia de indudable interés periodístico, un niño estuvo con Jesús. Tengo 13 años. Nací y vivo en Imperial, un pueblecito de Nebraska. Voy al colegio y estudio. De mayor quiero predicar por el mundo el amor de Dios: es lo que Jesús me encargó. Me gusta la música, toco el piano y la trompeta. No tengo miedo a morir: ya sé que el cielo es real. Me mira fijamente desde sus trece años con sus ojos azules y me saluda muy circunspecto: enseguida tengo la sensación de estar con alguien muy maduro emocionalmente, muy sereno, no con un chaval. Mi fotógrafo, Pedro Madueño, de pupila afilada, me lo confirma luego: “Entras en la sala… y su presencia llama la atención, atrae”. Lo cierto es que se trata sólo de un niño que dice haber visto el cielo…, lo que no es tan extraño: su padre es pastor de la iglesia local, y su madre trabaja en la parroquia. ¿Qué otra cosa podría haber visto Colton en una experiencia cercana a la muerte? Sus padres recogen lo que cuenta en El cielo es real y El cielo lo cambia todo.

Has estado en el cielo? ¡Sí!

¿Cuándo? Tenía casi cuatro años y el cirujano me operaba de una peritonitis…

¿Y del quirófano… al cielo? Estuve al borde la muerte, y salí de mi cuerpo y fui al cielo.

¿Cómo es el cielo? Espectacular, increíble, maravilloso.

¿Qué viste? Vi a Jesús, al Espíritu Santo, muchos ángeles… Y los ángeles me cantaban bonitas canciones. Estuve muy a gusto, sentí amor.

¿Qué clima hay en el cielo? Calorcito, porque la luz de Dios y Jesús ilumina y lo calienta todo.

¿Qué colores tiene el cielo? ¡Todos los colores de la Tierra y más!

¿A qué huele el cielo? No lo sé. Dios no me permite recordarlo.

¿Cuánto tiempo pasaste en el cielo? Unos tres minutos. Equivalen a dos años y medio: lo calculó luego mi padre. Pero yo creo que no hay tiempo, da igual.

¿Te creyeron tus padres? Pensaron que les contaba un sueño…

Es una posibilidad. Pero me creyeron cuando les dije qué hacían mientras me operaban: mi padre rezaba en un cuarto, y mi madre hablaba por teléfono en otro. Les vi desde arriba.

¿Qué te han dicho los médicos de eso? Mi cirujano dijo que me recuperé de modo milagroso. Y dice que otros pacientes también han visto cosas…

¿Viste en el cielo a algún familiar? A mi hermanita. Me achuchaba, me besaba… Yo era pequeño y eso no me hacía gracia, pero bueno… Luego se lo conté a mi madre y se puso a llorar.

¿Por qué? Fue un aborto que tuvo tres meses antes de concebirme a mí. Mi hermanita no nacida.

Vaya. Lo cuento para que los padres que han perdido a un bebé sepan que su hijo está en el cielo y bien. También conocí al abuelo de mi padre, Pop: me contó lo bien que mi padre lo pasaba en su granja, de niño…

¿Le hablaste de Pop a tu papá? Se asustó: mis padres temían que quisiera morirme y que por eso hablaba del cielo. ¡Tengo ganas de contarlo! De mayor viajaré por el mundo hablando del cielo y de Jesús, y tendré también un grupo de música, cantaremos y tocaremos.

¿Qué contarás? Que Dios te quiere, ¡hagas lo que hagas! Pides perdón de corazón y te perdona.

Tus padres cuentan lo tuyo en un libro. Sí: van nueve millones de libros vendidos.

¿Te parece bien? Está bien compartir algo tan bonito: ¡sé que mi historia ha dado paz a mucha gente!

¿Por qué ha interesado tanto tu cielo? Porque lo cuento tal como lo viví.

¿Sigues recordando detalles del cielo? Los recordé de los cuatro a los siete años. Luego, ya nada nuevo.

¿Qué es lo que más te impactó de lo que viste en el cielo? Las sillitas preparadas para niños, cerca de Jesús. Me senté en una de ellas. Tuve sentado a mi lado al Espíritu Santo.

Ah. ¿Y cómo es el Espíritu Santo? Medio transparente, medio azul, y se nota su fuerza, su potencia.

¿Y cómo es Jesús? Alto, con barba, cabello castaño oscuro y ojos de un azul muy celeste. Su sonrisa es bellísima. Es muy bondadoso, amor puro. Y monta en un precioso caballo blanco.

¿Y cómo son los ángeles? Se parecen a las personas, pero algo más grandes, con alas… Llevan mensajes de Jesús, protegen a las personas, ¡no paran…! El arcángel Gabriel es un bromista, hace reír a todos. Y el arcángel Miguel lleva una gran espada en llamas.

¿Para qué? Para que no entre el demonio en el cielo, porque el demonio todavía anda suelto.

¿Alguno de esos ángeles te protege? Tengo siete ángeles de la guarda, me dijo este verano un profeta.

¿Conoces a algún otro niño que haya ido al cielo? Sí, a un niño de diez años con un tumor cerebral que se quedó inválido. ¡Lo que más le gustó del cielo fue poder nadar!

No te habrás inventado todo esto, Colton, ¿verdad? Yo sé lo que vi, lo cuento tal cual lo vi y no tengo que demostrar nada. Ya lo demostrará Dios, si quiere.

¿Por qué crees que Dios te ha permitido a ti ver el cielo y no a otros? Dios ha elegido a mi familia, pero yo no puedo saber por qué.

¿Querrías volver al cielo? Sería tan agradable… Pero ahora tengo trabajo que hacer aquí, por encargo de Dios.

¿Qué tienes que hacer? Hablar de Jesús con todo el mundo, hablar contigo: hacer esta entrevista es parte de mi misión aquí.

 ¿Tienes miedo a la muerte? ¡No! Por que ya sé lo que pasará. ¡Yo ya sé que el cielo es real!

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comentarios
  1. Tristramshander dice:

    “¿Cuánto tiempo pasaste en el cielo?” Unos tres minutos. Equivalen a dos años y medio: lo calculó luego mi padre.” El padre es un crack, menudo cálculo. Bravo. Yo lo confirmo: “porque mil años delante de tus ojos son como el día de ayer, que pasó, y como una de las vigilias de la noche” (Salmos 90:4). Pero luego comenta lo que ha visto; ¡dos años y medio en el cielo y solo ha conocido a unos pocos ángeles y a un par de arcángeles (aunque la Biblia sólo mencione a uno)! Está claro que el chaval tiene por objetivo dejar en mal lugar “De coelesti hyerarchia” del gran Pseudo Dionisio Areopagita que ya nos hablara certeramente en el siglo V de la demografía del cielo. Porque si no, en dos años y medio ¿no hubo tiempo para haber visto a los serafines, los querubines, los tronos, las dominaciones, las virtudes, las potestades o los principados? Parece que el rapaz no se fijó en los que rodean permanente el trono de Dios que no son otros que los serafines (y éstos no pasan precisamente desapercibidos), al parecer al chamaco sólo le dejaron relacionarse con la clase baja celestial, sin duda una pena y una ocasión desperdiciada.

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