Hay que reconocerle a El Tinglado su buen hacer poniendo al frente de ministerios como Sanidad o Educación, objetivos a derribar, a verdaderos estómagos agradecidos de probada mediocridad como son Mato y Wert.

Nos centraremos hoy en la Educación, ya que sale ahora a la palestra su enésima ley, que pretende cerrar un círculo. Una de sus ideas felices es que la asignatura de religión va a contar lo mismo que la ciencia para la nota final y, por consiguiente, afectará a las cada vez más menguadas becas, lo que parece igualarnos a países como Irán. Así, podemos encontrarnos con el siguiente caso:

Alumno A: 9 en teoría de la relatividad y 5 en génesis. Nota media, 7
Alumno B: 5 en teoría de la relatividad y 10 en génesis. Nota media, 7,5.
La beca sería para nuestro querido, aunque meapilas, alumno B.

Además, parece algo caótico, pues el dogma de la religión choca con la realidad científica y también muy a menudo con la misma ley española, como por ejemplo, con el matrimonio homosexual.
Y no olvidemos tampoco la gran falacia de la igualdad y de la cultura del esfuerzo. Es de sentido común que tendrá menos posibilidades un alumno mal nutrido, sin libros en casa, sin lugar de estudio, sin internet, o que tenga que compatibilizar estudios con el Telepicha.

En fin, ahora veremos, hundiéndonos en sus raíces, mezclando datos biográficos reales con un poco de imaginación y otro poco de psicología barata, como Wert es el candidato perfecto para cumplir los mandados, desde el convencimiento más absoluto.

Forma parte de una familia acomodada que le dio estudios en el Colegio del Pilar, cantera de dirigentes de este país. Podemos encontrar entre sus antiguos alumnos a presuntos genocidas como Aznar y Solana, mandados como Rubalcaba, delincuentes como los Albertos, periodistas como Ansón o Cebrián, intelectuales orgánicos como Sánchez Dragó o Ussía, o financieros y empresarios varios muy conocidos o anónimos que, en definitiva, mueven los hilos y no son más que una fraternidad de capullos, amén de muchos exalumnos que habrán sido personas decentes, conscientes de haber podido formarse en desigualdad de oportunidades con sus contemporáneos.

Como todo niño bien tenía chalet en la sierra, concretamente una urbanización para ricos en Las Navas del Marqués, en Ávila. Allí, tenía de vecinos casualmente a los Botella, conocidos en el pueblo como “Los Botellines”, como comprenderéis al ver la fotografía, del libro “El tiempo detenido”, en cuya larga lista de agradecimientos no se incluye a nuestro ministro de educación, sino curiosamente a su díscolo hermano, lo que no nos extraña mucho. Allí debió jugar con sus hermanos y amigos en una infancia feliz y liberal.

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Es posible que ya en su juventud, en aquellos largos y ociosos veranos en los años 70, Wert forjara esas alianzas tan válidas para el futuro régimen de compadreo y amiguismo que se nos venía encima, de tertulia con el novio de su vecina y sus amiguitos, mientras su hermano, hoy profesor universitario de Arte, aprovecharía esas mismas noches frescas para estudiar y aprobar oposiciones, soñando quizá, equivocadamente, con una sociedad más justa e igualitaria.

Ahora, Wert, firma en el Consejo de Ministros la pena muerte de las Humanidades, denigra el puesto de trabajo de su hermano o destruye el ferrocarril social y con ello el futuro del pueblo de su niñez. Parece algo personal contra su hermano, contra sus vecinos, algún secreto vergonzante está oculto entre aquellos frondosos pinares de Las Navas. Ni libertad, ni igualdad ni fraternidad.

Lagarde

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comentarios
  1. Tristramshander dice:

    Más allá de las concesiones a la enseñanza del dogma y el catecismo católico, la Ley orgánica de Educación de Wert (2013) es otra piedra más en el cambio de modelo social que está en marcha aprovechando la depresión económica y que tiene su punto de partida en la promoción de la agenda ideológica neoliberal. El encabezamiento del Anteproyecto, que recoge sus fundamentos ideológicos, dice que “la educación es el motor que promueve la competitividad de la economía (…) Mejorar el nivel educativo de los ciudadanos supone abrirles las puertas a puestos de trabajo de alta cualificación lo que representa una apuesta por el crecimiento económico y por conseguir ventajas competitivas en el mercado global”. No se puede decir más claro, a pesar de que la Constitución española (1978) declara en su artículo 27.2 que la Educación ha de “promover el pleno desarrollo de la personalidad en el respeto a los principios democráticos de convivencia y a los derechos y libertades fundamentales” ahora ya se nos habla indisimuladamente de promover “la competitividad de la economía” y de “ventajas competitivas en el mercado global”, es decir, preparar a los estudiantes para los vaivenes del mercado laboral global, otra trituradora antropológica debida al neoliberalismo económico.

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