Mercadicea

Publicado: 17 junio, 2013 de candijous en Pajas mentales
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Hay esperanza, pero no para nosotros. Franz Kafka.

                                                                       Ídolos del pueblo

Resulta cuanto menos curioso que el populacho vayamos aceptando la pérdida de las llamadas conquistas sociales, migajas del estado del bienestar, con tamaña facilidad, y aprobemos mayoritariamente un política dictatorial que tan claramente beneficia sólo a unos pocos.

Mucho se ha escrito ya sobre la doctrina del shock, por lo que no abundaré en ello. Aceptamos que nos espíen, que nos empobrezcan, que nos humillen, con la esperanza de que en un medio plazo sea para nuestro bien, las cosas se vayan arreglando, como en un telefilme barato.

“Hemos destruido la ciudad para salvarla”, dijo un militar estadounidense durante la guerra de Vietnam. Pues bien, eso es lo que nos tenemos que creer, y así sucede continuamente. A diario se nos adoctrina con que se recorta en sanidad para mantener el sistema, y lo mismo con las pensiones, o en educación, etc.

En realidad, todo esto es más viejo que el mear. Aceptamos sus mandatos como una cuestión de fe, estamos educados para eso y actualmente es claro el paralelismo entre el viejo dios cristiano y los llamados mercados. Así, es lícito preguntarse por qué si el dios-mercado es bueno y quiere lo mejor para nosotros, por qué tanto sufrimiento.

La teodicea fue un palabro inventado por Leibniz para explicar la presencia continuada del mal en el mundo si nos rige un dios bondadoso. Actualmente la teología es el aparato de propaganda para explicar estas contradicciones, y El Tinglado hace suyo sus argumentos, que consisten en que todo este sufrimiento es un medio para conseguir un bien superior. Así, si se acepta la fe, estas contradicciones pasan a un segundo plano.

Otra estratagema teológica de El Tinglado, cada vez menos creíble, pero muy útil al comienzo del expolio, es la estrategia de la culpa, el mal está causado porque hemos sido un poco manirrotos y lo merecemos. Curiosamente esta tradición paulino-agustiniana del mal-culpa es la que se impuso en occidente, y de aquellos polvos vienen estos lodos.

En un orden más prosaico, la estrategia de nuestros títeres gobernantes regalapatrias cuando se disponen a acometer un nuevo atropello ciudadano es lanzar globos sonda con el objetivo de acojonar al personal. Después, cuando llega el día del decretazo en cuestión, al suavizarse un poco las oscuras expectativas, aceptamos una clara derrota como una pequeña victoria y, al albur de nuestras debilidades, recobramos brevemente la confianza en el sentido común de nuestros dirigentes. Días más tarde, según uno va razonando, nota claramente la tomadura de pelo y volvemos a empezar esta espiral autodestructiva.

El Tinglado, con su lamentable discurso cogido con pinzas, no podrá sostenerse por mucho tiempo, al no darnos respuestas apropiadas en temas de mercadicea.

Este gran acontecimiento está en camino, todavía no ha llegado a oídos de los hombres. Es necesario dar tiempo al relámpago y al trueno, es necesario dar tiempo a la luz de los astros, tiempo a las acciones, cuando ya han sido realizadas, para ser vistas y oídas. Este acto está más lejos de los hombres que el acto más distante; y, sin embargo, ellos lo han realizado.

Proclamemos, pues, que el capitalismo ha muerto y, para sacárnoslo de encima, aparte de sacudirnos el miedo, hay que abandonar toda esperanza de salvar esta situación, ya nos enseñó hace mucho tiempo Spinoza que la esperanza y el miedo eran hermanos gemelos. No busquemos esperanza dentro de este Tinglado.

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comentarios
  1. Tristramshander dice:

    Las llamadas conquistas sociales o migajas del estado del bienestar, de las que asumimos su desaparición con cierta facilidad, intuyo que no fueron nunca una conquista directa del pueblo sino algo otorgado desde arriba. Además, como de costumbre, España llegó tarde y coja. Lo curioso es el empeño que tienen los voceros neoliberales en desmontar rápidamente el sistema de protección social europeo, en vez de tomarla, por ejemplo, con el sistema de protección social de Niger, Haití o Kirguistán.

    Urge desenmascarar las estrategias del shock para no comulgar con ruedas de molino. Hay varias estrategias ya citadas: la de la necesidad (“no hay más remedio”, “recorte doloroso pero necesario”), la de la culpa (“hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”, “de la crisis salimos entre todos”) o la del miedo, que tiene una de sus derivadas en lo de “lanzar globos sonda con el objetivo de acojonar al personal”.
    “¡Por su propia seguridad, permanezcan asustados!”

    Un reciente ejemplo de esto último lo hemos tenido en las declaraciones del irresponsable de relaciones laborales de la CEOE (otro sociópata y darwinista social más de los que pululan por el ámbito empresarial, político, mediático y académico) que la ha tomado con los cuatro días de permiso por defunción de un familiar de primer grado porque “los viajes no se hacen en diligencia”. Desde luego no me tomaré ni un solo día cuando fallezca este sujeto porque no le considero digno de ser conocido ni en grado milenario; días que si me tomaré cuando fallezca, por citar a uno, Hans Magnus Enzensberger.

    Es verdad que el mercado conlleva una nueva teodicea, si no ¿cómo explicar los fallos y estragos de los mercados financieros y justificar su bondad infinita?

    Por ejemplo, W. M. Cox, economista-propagandista neoliberal del Cato Institute (think tank al servicio de la plutocracia norteamericana) ha dicho: “todos nos hemos beneficiado enormemente de la libertad y la competitividad que los mercados nos brindan de manera natural”. La clave es esta: para los neoliberales el mercado es un ente natural omnipresente, omnipotente, omnisciente, omnibenevolente, única guía moral para la acción humana y locus verdadero de la libertad. Pero para justificar “la enorme libertad y la competitividad que los mercados nos brindan” sobra la razón, basta con la fe.

    Me siento fatalmente traqueteado, como mínimo como Søren Kierkegaard, otro ídolo del pueblo, cuando estaba escribiendo “Temor y Temblor”…

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