LPED según La Víbora

Lo prometido es deuda nació en el contexto de una crisis social que demanda a gritos un cambio de paradigma, así como respuestas creíbles y no manipuladas a una problemática de origen incierto en la historia del hombre y que vivimos en la actualidad en todas las dimensiones esenciales de nuestra existencia cotidiana. De esta forma, un grupo de personas, unidas por diversos avatares sincrónicos, empezó a debatir estas cuestiones, ofreciendo diversos puntos de vista, emociones, opiniones, teorías más o menos elaboradas, información y, como no podía ser de otro modo, obras de arte capaces de orientarnos en las fronteras de lo inexpresable. Un buen día decidimos que era deseable compartir esta experiencia con otras personas y grupos de personas, al tratar de problemas de naturaleza colectiva que bien podrían anticipar la trascendencia histórica del presente. Pero, ¿ha habido realmente algún momento histórico intrascendente? No lo creemos, y desde estas páginas no encontraremos visiones apocalípticas o conspiranoicas que nos ofrezcan señales de nada semejante: nada aportaríamos a la innumerable cantidad de documentos en este sentido, muchos de ellos, por no decir la inmensa mayoría, de muy dudosa validez.

La lógica intrínseca de las aportaciones de este blog está apoyada en evidencia, sin menospreciar en ningún caso las impresiones subjetivas que forman la materia prima de toda obra de arte. Acaso el arte de hacer ciencia como aventura exploratoria de la realidad, despojada de clichés y prejuicios ideológicos; y la ciencia contenida en la expresión artística y humorística, nos proporcionen una de las claves relevantes para disolver la brecha insoportable y alienante entre la teoría y la praxis, entre la reflexión y la acción. Si es éste el sentido sobre el cual deberá orientarse, por imperativo fáctico, el nuevo paradigma que nos sirva para construir los cimientos de una nueva sociedad, entonces  sólo a través de acciones como esta, coordinadas entre sí a escala global, será posible acelerar el tiempo de la historia con el objetivo de abrir un horizonte común que, finalmente, sirva a los intereses y necesidades de la humanidad, invirtiendo de una vez para siempre la constante del ser humano puesto al servicio de la historia, cosificado como un pollo en una granja. Sólo entonces será posible reconstruir una sociedad donde las reivindicaciones de justicia social y de una actividad económica limpia, saludable y ecológica no pongan en riesgo la prosperidad ni el desarrollo social. Mientras tanto toda reforma partidista que trate de conciliar los objetivos de eficiencia, distribución y sustentabilidad será simple retórica vacía de contenido: ¿hasta cuándo? Que nadie ponga en duda que todos y cada uno de nosotros portamos la respuesta desde una perspectiva única e inalienable.