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Se despertó con los primeros rayos del sol. Miró el reloj, eran las 4:30 de la mañana. Hizo la cama con más voluntad que acierto, y acto seguido, se apoyó en la misma para hacer unas cuantas flexiones a pesar de encontrase algo mayor y cansado por el viaje. Una hora después, llamaron a la puerta, una mujer entró y le dijo: “no tenía usted que haber hecho la cama, no señor Mandela”.

Cuenta John Carlin en su interesante y apasionado libro “Playing the enemy” (“El factor humano”, sobre la que se hizo la película “Invictus” de Clint Eastwood) que Mandela ni cuando estaba en un Hotel de lujo ni invitado en casa ajena ni siquiera en Buckingham Palace rompía con los rituales establecidos durante sus 27 años de prisión, tiempo más que suficiente para que cualquier persona acabe institucionalizada.

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Nelson Rolihlahla Mandela (1918-2013) es un político clave en la historia de Sudáfrica junto a otros agrupados en torno al Congreso Nacional Africano (ANC) que conformaban el propio ANC, el SACP (Partido Comunista Sudafricano) y el COSATU (Congreso de Sindicatos de Sudáfrica) como Albert Lutuli (1898-1967) premio Nobel de la Paz 30 años antes que Mandela, Walter Sisulu (1912-2003) también condenado en el juicio de Rivonia y encarcelado en la isla de Robben hasta 1989, Anton Lembede (1913-1947) del que se inspirase el propio Patrice Lumumba (único Primer Ministro democrático congolés del siglo XX hasta que fue asesinado por la CIA), Oliver Tambo (1917-1993) que pasó 30 años exiliado, Joe Slovo (1926-1995), 27 años exiliado, o Stephen Biko (1946-1977) encarcelado bajo la Ley Antiterrorista, torturado y asesinado por el terrorismo de estado.

Mandela es un gigante político en comparación con los políticos del momento (desde el más importante, el Nobel Obama, al más irrelevante, Rajoy) que no paran de citarle como ejemplo y fuente de inspiración personal. Los niños, los apolíticos de derechas y los bacaladeros deberían conocer que, efectivamente, Mandela estuvo ni más ni menos que 27 años encarcelado por defender causas que hoy serían evidentes, lo que supone el 35% de su vida adulta. Fue el prisionero 466/64 en la isla Robben a 12 km de Ciudad del Cabo, en penosas condiciones durante 18 años, después estuvo nueve años más en la cárcel de Pollsmoor (junto a Walter Sisulu) y en otras prisiones para facilitar el mantenimiento de discretos contactos con el gobierno sudafricano cuando el régimen se descomponía. Pero en lugar de debilitarle la falta de libertad, Mandela tuvo la inteligencia para fortalecerse en prisión, estudió la historia, cultura y lengua de sus adversarios afrikáners, meditó críticamente sobre la lucha armada, el papel futuro del ANC y las vías de la reconciliación, comprendió que cuando uno está capacitado para hacer justicia le hace mas fuerte el perdón que la venganza e incluso se doctoró en Derecho por correspondencia en la Universidad de Londres (y al parecer se le impidió llegar al rectorado, colocando hábilmente en su lugar a la Dama del Cardo y posterior presidenta de la Federación Ecuestre Internacional, la princesa Ana del Reino Unido).

Mandela era listo e inteligente como el que más, cuando comenzó a cobrar más protagonismo, a través de su propia imagen estaba “vendiendo” al mundo una Sudáfrica moderna que la mayoría de los gobiernos y multinacionales occidentales estaban deseosos de poder “comprar” para expiar su culpa por haber mirado para otro lado en tiempos de la Sudáfrica racista, esto es, haber puesto paños calientes a un régimen de apartheid (que significa “separación“) basado en un violento sistema institucional de discriminación y segregación racial de los blancos contra los no blancos que duró desde el año 1949 hasta 1994.

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Durante el régimen racista de Sudáfrica 50.000 agricultores blancos poseían el 92% de la tierra, mientras que el 8% restante quedaba para 14.000.000 de depauperados agricultores negros y sus familias. De ese modo, el apartheid también tuvo su reflejo en las leyes (que, como apuntaba Marx, siempre son expresión de las clases dominantes) como la Ley de Prohibición de Matrimonios Mixtos (1949), la Ley de Registro de Población (1950) por la que había una “Junta de clasificación de razas” a la que se podía acudir para solicitar de qué raza a qué raza se quería uno pasar (a saber, de mayor a menor ilotismo: negros, indios, mestizos y después, claro, blancos), la Ley de Supresión del Comunismo (1950) por la cual casi cualquier oposición, además del SACP, se consideraba comunista tal y como se le calificó a Mandela como joven dirigente del ANC, la Ley de Áreas de Grupo (1950) que creaba guetos, la Ley de Servicios Públicos Separados (1953) con sus infaustos letreros “sólo para blancos“, la Ley del Trabajo de Nativos (1953) por la que se prohibió la huelga a los trabajadores negros, la Ley de Nativos (1956) que imposibilitaba a los negros acudir a la justicia por desalojos de sus viviendas, la Ley de Promoción de Autogobierno Bantú (1959) que prohibió presentarse al parlamento a los negros; la Ley de Extensión de Educación Universitaria (1959) que prohibió el acceso de los negros a las universidades reservadas para blancos, la Ley Anti-Terrorista (1967) que posibilitaba la detención indefinida sin tutela judicial y la tortura como método policial, etc. En el juicio de Rivonia, que condenó a Mandela a cadena perpetua por casi 200 actos de sabotaje en 1964, Mandela dijo lo siguiente: “hay dos maneras de salir de la pobreza: la primera es mediante el acceso a la educación reglada y la segunda la formación laboral del trabajador y por consiguiente un salario más alto; en lo que respecta a los africanos [negros] ambas posibilidades se ven deliberadamente reducidas por la legislación”.

En España nunca supimos gran cosa de Sudáfrica, en los ochenta veíamos recurrentemente por el televisor las manifestaciones de protesta de los negros como algo muy distante, la matanza de Soweto (1976) con casi 600 muertos ya quedaba lejos aunque la canción del interesante grupo punk TDeK titulada “Carne picada” (1986) ya nos decía a los televidentes: “Sudáfrica está al rojo, que felicidad, se han cargado a quince negros… nena pasa el pan… una vez puesto el reclamo ya te pueden anunciar… la basura para audiencias que alimenta la publicidad”. Posteriormente hemos sabido más de Sudáfrica por el Mundial de fútbol de 2010, una de las pocas alegrías inocentes del sufrido pueblo español ya que la Copa del Mundo la ganó un equipo parcialmente africano (España) a otro parcialmente afrikáner (Países Bajos). Hubiese sido una desgracia para muchos sudafricanos que en el minuto 82 de la final el portero del seleccionado español (Casillas) no hubiera parado el mano a mano con el delantero holandés (Robben) ya que no se hubiera producido el gol de la victoria de los muchachos de Del Bosque en el minuto 116 (Iniesta); además la conexión de ideas hubiese resultado desagradable para el propio Mandela: Isla de Robben-Gol de Robben. Estas anécdotas son las que más emocionan al gran estadista en el que se ha convertido el Presidente del gobierno de España (Rajoy) que ha comentado a los periodistas sus apasionantes impresiones sobre el funeral de Mandela: “es un momento muy bonito porque es el estadio en el que España ganó el Mundial”.

MandelaAlborotadorVive5Bueno, el funeral de Mandela ha sido un momento muy bonito, casi futbolístico; parece que la mayoría de los medios de comunicación han seguido esta misma línea simplona. La muerte de Mandela ha sido tratada en los medios occidentales como si el personaje fuese una mezcla de Michael Jackson, Lady Di y el Papa; se puede decir que ha muerto posmodernamente en mediático olor de santidad pop. La mayoría de los medios han mostrado a un Mandela bonachón, anciano e inofensivo, como si nunca hubiese leído a Marx, hubiese adquirido su conciencia política y de clase por ciencia infusa y hubiese estado en la cárcel de paso. En España algunos medios derechistas han sido más atrevidos ya que han recordado su pasado de inspiración y compromiso socialista aunque hayan tenido que bloquear los comentarios en sus ediciones digitales por los insultos racistas que dedicaban al personaje sus educados y cristianos lectores; por ejemplo, uno de ellos, más moderado, probablemente un troll, no se quejaba de que Mandela tuviera su propio día en la ONU (“Día Internacional de Nelson Mandela”) sino que éste fuera precisamente el 18 de julio, el dína del “glorioso alzamiento de la cruzada nacional en España”, y es que Mandela, al no ser de Bilbao, no pudo haber nacido cuando y donde quiso.

En realidad lo que se le reconoce a Mandela es no haber sido vengativo contra las élites blancas represoras y el mantenimiento del poder económico básicamente en las mismas manos del apartheid; por ejemplo, el programa del ANC abandonó su objetivo de nacionalizar la riqueza minera del país con fines redistributivos o que casi todos los mandos policiales de la era apartheid continuaran en sus puestos durante el paso de la dictadura a la democracia, que allí no se conoce como “la transición” como en España sino como “el proceso”.

Este mantenimiento del status quo verdadero (el control de los medios de producción por la antigua élite sudafricana y multinacional) ha favorecido el travestismo de muchos medios de comunicación, políticos, empresarios, etc. que se han sumado a la corriente de las loas a Mandela de manera sobrevenida y tardía. Es el caso de muchos think tanks neocons como el estadounidense Fundación Heritage que pasó del “Nelson Mandela no es un luchador por la libertad, ha apoyado el terrorismo” (1990) al “Nelson Mandela fue un símbolo de compasión e igualdad” (2013).

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Del mismo modo, hasta hace poco Mandela era un terrorista convencido, un comunista de estricta obediencia y un racista contra los blancos para los ídolos del neoliberalismo como Margaret Thatcher (que mientras se oponía a las sanciones impuestas por la ONU y la UE a la Sudáfrica racista de P. W. Botha, al que invitó a visitar el Reino Unido, apoyaba a los Jemeres Rojos de Pol Pot o consideraba a Pinochet un benefactor de la humanidad) y Ronald Reagan (que en 1986, apoyó a los 180 congresistas que votaron en contra de la resolución de la ONU tras la campaña internacional que inició Tambo para apoyar la liberación de Mandela). Ya en 1990 ninguna institución oficial de Florida recibió a Mandela porque sostenían que no había renegado de su amistad con Fidel Castro (y como podría hacerlo si los países que siempre apoyaron la causa del ANC fueron del ojete del mal: Cuba, URSS, Libia, Angola, Palestina, etc.), de este modo, el gobierno de EE.UU. mantuvo a Mandela en una lista de terroristas internacionales hasta el año 2008, bastante después de su retirada de la política y de recibir el Premio Nobel de la Paz junto al reformado Frederik de Klerk.

Pero Mandela no era tal y como lo veían Botha, Thatcher y Reagan, sino que era tal y como lo veía su pueblo. En el año 1985 en las negociaciones informales con el gobierno sudafricano (a través del ministro Kobie Coetsee) Mandela se negó a canjear el cese de la lucha armada (estrategia que ya estaba decidida) por su libertad condicional o a participar en el descabezamiento del Partido Comunista (SACP), “no voy a deshacerme ahora de socios leales que han estado con el ANC a lo largo de toda la lucha” dijo. Y sabía de lo que hablaba, Mandela era muy amigo del dirigente comunista del SACP Joe Slovo pero si hubiese triunfado la fallida operación para asesinarle (orquestada por el servicio secreto Sudafricano a través del montaje de un intento de fuga en 1969) el “nuevo Mandela” podría haber sido el muy popular Chris Hani, comunista y líder del SACP y jefe del pomposamente llamado Umkhonto we Sizwe, brazo armado del ANC surgido tras la masacre de Sharpville en 1960 donde la Policía mató a 69 manifestantes, detuvo a 12.000 personas e ilegalizó el ANC (el propio Mandela, militante del Umkhonto we Sizwe, pasó a la clandestinidad hasta que fue detenido por el servicio secreto sudafricano en colaboración con la CIA). Pero aunque Chris Hani respaldó siempre a Mandela en las negociaciones, el abandono de la lucha armada y las posibilidades de reconciliación, fue asesinado en 1993 por un ultraderechista casi analfabeto llamado Janusz Waluś en una época de gran tensión política que estuvo por dar al traste el ascenso a la presidencia de Mandela.

Y a pesar de todo finalmente Mandela legó a ser presidente de Sudáfrica (1994-1999) con el 62% de los votos en las primeras elecciones multirraciales por la lista del ANC (la organización terrorista para los thatcherianos y los reaganianos). Desde entonces Sudáfrica ha desterrado el apartheid y ha mejorado algunas otras cosas; por ejemplo, el grupo paramilitar racista Afrikaner Weerstandsbeweging (AWB) creado por Terre’Blanche (hasta su iluminación y posterior asesinato a machetazos por dos de sus empleados), los llamados “bitter enders” (antiguos bittereinders) y demás basura neonazi o el ultraderechista partido político zulú Inkatha fundado por el colaboracionista Buthelezi (combatió a la disidencia Zulú y al ANC a cambio de reinar sobre un pequeño y pobre feudo financiado por el gobierno del apartheid) son ya muy residuales.

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Sin embargo, Sudáfrica todavía tiene muchos problemas (como todas las democracias partiticráticas que nos hemos dado). Es el país industrializado más desigual del mundo (0,65 de índice de Gini; por ejemplo, España, el segundo país más desigual de la UE tiene un índice de Gini del 0,35), el índice de corrupción es elevado, la criminalidad sigue disparada (especialmente contra las mujeres, hasta el propio Oscar Pistorius, el gran atleta olímpico y paralímpico otrora ídolo nacional, ha sido acusado de asesinar a su novia), la tasa de desempleo es muy alta (40% los negros, 28% los mestizos, 16% los indios y 7% los blancos) y la policía sigue reprimiendo a los que reclaman mejoras laborales (la masacre de las minas de Lonmin plc en 2012 se saldó con 34 mineros muertos a balazos por la policía); incluso el más conocido de los escritores sudafricanos (J. M. Coetzee) nos habla del fatalismo de una Sudáfrica donde todavía sigue muy presente la desgracia.

Nelson Rolihlahla MANDELA ha muerto el pasado 5 de diciembre, justo 222 años después del fallecimiento de Mozart. Rolihlahla, en xhosa, en el lenguaje de su etnia, significa algo así como “alborotador”.

Tristramshander