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EEUU   1) COLAS ESTADOUNIDENSES

Coincidiendo con la salida a la luz del llamado “Pacto de Competitividad” para la Unión Europea amadrinado por Merkel, en Julio se ha estrenado el espacio cultural-televisivo de RTVE (el ente público español) “¡Vivan los bares!” que está patrocinado por Coca-Cola y parte con un enigmático propósito: “se trata de salvar la esencia del bar”. Curiosos libertadores en un país donde los bares ya están esencializados y ya hay un bar o restaurante por cada 174 habitantes.

El “Pacto de Competitividad”, a la sombra del Tratado de Libre Comercio entre la UE y EE.UU. (TTIP), promete ayudas económicas a los países del sur de Europa a cambio de más recortes sociales y laborales. Lo que se pretende hacer de España es básicamente un País de Camareros centrado en el turismo; por tanto, tanto el mencionado programa “¡Vivan los bares!” como otros de Mediaset (“Tapas y barras” o la microserie “I+B”, inspirada directamente en la campaña “Benditos Bares” de Coca-Cola) coinciden en ahondar en el rol recreativo que han asignado a nuestro querido país las élites económicas y financieras europeas.

ColasFelicidadBaresPrometidoDeuda1El programa de Coca-Cola “¡Vivan los bares!” es una extensión de su atolondrada campaña publicitaria (pero eso sí, con “estrategia publicitaria mixta push-pull y branded content”) llamada “Benditos Bares”. ¿Qué haríamos nosotros sin nuestros Benditos Bares? ¡Si son los mejores del mundo!”. Lamentable. Sin embargo, no está previsto que en este nuevo programa se incluya una Herriko Taberna u otras tascas independentistas, ya que Coca-Cola retiró el anuncio del padre enrollado en el que el hijo se le hace colchonero por un asunto hormonal debido a que el actor que interpretaba al padre perdedor, Gotzon Sánchez, había participado en actos de Herrira (que es una plataforma de apoyo a los presos de ETA). Coca-Cola no se mete en política, no, pero no le importó mantener la bochornosa campaña publicitaria de su insípida bebida Aquarius titulada “Homenaje a los Políticos Extraordinarios. Porque ahora más que nunca, hay personas que consiguen que no perdamos la fe en el ser humano”, más conocida por ser la de los tres alcaldes honrados sobre un total de 8.119.

El buenrrollismo de “¡Vivan los bares!” parece sustituir al también fallido (y cancelado por su pésima audiencia) programa de RTVE “Entre todos”, en el que se suscitaba la caridad entre bienintencionados televidentes como parcheada solución al aumento de la pobreza y se promovía la radical individualización de toda problemática social, como el espacio del autor del blog “Escuela de felicidad” (Rafael Santandreu) que trataba de paliar los efectos del dramático paro juvenil aplicando la “psicología racional”. Además, Coca-Cola repite: ya en el año 2011 compró un espacio publicitario a RTVE llamado “La felicidad (en cuatro minutos)” emitido diariamente por La 2.

Pero, ¿qué persiguen estas campañas? ¿Por qué se han puesto demasiado pesados con los bares, un asunto que ya dominamos? ¿Por qué insisten precisamente ahora en que nos metamos en los bares? ¿Será para que bebamos y olvidemos? Sin embargo, la campaña más interesante sería: “¡Libremos a nuestros bares de la Coca-Cola!”.

Obviamente Coca-Cola no promociona la barata y poco saludable bebida gaseosa, azucarada y azarzaparrillada, con mezcla de jarabe de maíz hiperfructoso, semillas esterculiáceas procesadas, caramelo de sulfito amónico, ácido fosfórico, fenilcetonuricos-aspartamo, cuatro-metilimidazol, benzoato de sodio, ácido ascórbico, cafeína y demás cochinadas sino que, como vemos, sus campañas son básicamente emocionales y apelan a la peligrosa pseudoideología individualista, sumisa y pasiva del positivismo infantiloide (ver https://lpedeuda.wordpress.com/2013/02/07/pensamiento-positivo-y-crisis/). Hasta en la Alemania nazi Coca Cola no se anduvo con cola de paja y promocionó el buen rollo entre la alegre muchachada de las Bund Deutscher Mädel y las Hitlerjugend, incluso inventó para ellos la Fanta, no tan oscura.

Más allá de los bares, esta insoportable invasión de pensamiento positivo (anuncios publicitarios, Congresos, App SmileWorld para compartir felicidad, “Muro de la Felicidad”, cabina de teléfono “Hello Happiness”, etc.) resulta tan estomagante como el propio brebaje, que últimamente nos habla de contagiar la felicidad, por lo que efectivamente, se puede decir que el asunto de la obligatoria y permanente felicidad presenta claros síntomas de plaga. Para Carlos Chaguaceda, presidente del autodenominado  Instituto Coca-Cola de la Felicidad: “Coca-Cola siempre ha hablado de optimismo, de emociones porque para ser relevantes hay que conectar con ellas; cuando nació Coca-Cola, ya pensaba en la felicidad”.

ColasFelicidadERECocaColaPrometidoDeuda2Sin embargo este mundo maravilloso de Coca-Cola no nos la puede colar tan cándidamente ya que también esconde su propia galería de horrores (explotación y accidentes laborales, trabajo infantil, discriminación racial, contaminación, colaboración con grupos paramilitares como muestran las denuncias del Sindicato Nacional de Trabajadores del Sistema Agroalimentario de Colombia, etc.). Tras Coca-Cola están las más importantes compañías financieras, como Berkshire Hathaway, Vanguard Group, BlackRock, Fidelity Investments, State Street, y grandes fortunas mundiales (su consejo de administración eligió recientemente a Ana Patricia Botín, hija de Emilio Botín, Presidente del Banco Santander) que, mientras se dedican a producir significados mediáticos buenrrollistas para sus despreocupados consumidores, trabajan a favor de objetivos no tan simpáticos como el saqueo de los recursos hídricos y la privatización del agua, a fin de que en muchas partes del mundo sea más barato el acceso a un vaso de Coca-Cola que a uno de agua.

Recientemente la infelicidad vino a ver a los directivos de Coca-Cola ya que la Audiencia Nacional de España declaró nulo el ERE (despidos masivos) mediante el cual Coca-Cola Iberian Partners pretendía dejar en la calle a 821 empleados. Al mismo tiempo, la Inspección de Trabajo abrió un expediente a Coca-Cola por vulnerar el derecho a la huelga y el boicot de algunos consumidores a Coca-Cola por este caso resultó incómodo (hasta Mercadona subió oportunistamente el precio de la Pepsi-Cola). El pasado 31 de Julio Coca-Cola recurrió la sentencia ante el Tribunal Supremo a través del mismo abogado del fallido ERE cocacolístico, Iván Gayarre, curiosamente el vicepresidente del despacho “Sagardoy Abogados”, principal firma asesora para la aprobación de la última reforma laboral del Gobierno del Partido Popular (PP).

Inglaterra  2) COLAS INGLESAS

Magaluf es una especie de resort turístico del municipio de Calviá en la isla de Mallorca (Islas Baleares, España), orientado mayoritariamente al mercado inglés (al menos el 90%) que se promociona del siguiente modo: “Esta bella localidad turística pone a disposición de los viajeros una gran variedad de ofertas de entretenimiento y ocio a través de novedosos clubes nocturnos, restaurantes, bares, entre otros sitios de recreación”.

ColasFelicidadSunMagalufPrometidoDeuda3La anterior descripción viene a colación de la tradicional muestra veraniega de penes en esos sitios de recreación llamados “Bares Mamading“. Este verano los medios han recogido como una joven de 18 años protagonizaba un vídeo en un bar de Magaluf en el que realizaba felaciones a una docena de gañanes a cambio de unas copas de alcohol gratis.

El turismo hooligan y dipsomaníaco no es nuevo en Magaluf, la multinacional del exministro del PP Abel Matutes “Fiesta Hotel Group” (blanqueada desde hace un año como Palladium Hotel Group) ya llevaba tiempo especializada en “ofertas de entretenimiento y ocio” para jóvenes británicos. Lo que deja dinero en la zona es precisamente el hooliganismo desenfrenado, y ya sabemos, en la estimulante lógica capitalista que nos hemos dado, que quien paga manda. De ahí que la indecisión de la propia Conselleria de Turismo del Govern Balear no haya traído demasiada cola entre los lugareños ya que, ante los lamentables episodios publicados, tan sólo “está estudiando la viabilidad de establecer un código de buenas prácticas dirigido a los propietarios de los locales de ocio”.

Al menos un par de bares, antaño inscritos en las rutas culturales especializadas en el desmayo etílico (denominadas pub-crawling o bar-hopping), lanzaron una oferta de cubatas gratis a cambio de realizar micro-felaciones o simulacros siempre que éstas fueran a la vista de la horda alcoholizada. Esta actividad lúdico-festiva se presentó abierta para clientas anglosajonas mayores de edad y estaba animada socioculturalmente por felatrices profesionales contratadas por los propios propietarios de los tugurios. Obviamente, sólo a una minoría de descerebradas les resulta chupado conseguir un trago de esta indigna manera ya que, afortunadamente, la mayoría del género humano no pega ni con cola en tan aberrante acto. ¡Shagaluf (en español, Follaluf) rules!” vociferaba un miembro del simiesco grupo, el joven panocha leicesteriano George Dickinson (en español, Jordi Colaenhijo).

Infames reality shows como “Sun, sex and suspicious parents” de la cadena pública BBC3, “The Magaluf Weekender” de la cadena privada ITV2 o “Geordie Shore” de la insufrible cadena MTV son emitidos en prime time con gran éxito entre los numerosos analfabetos funcionales ingleses para fomentar, no ya un turismo de lujos, sino un veraneo de flujos: alcohol, orines y semen son el sueño húmedo de sus adolescentes. (La “promotora de eventos” que exporta esta fauna, Carnage Magaluf (en español, carnicería-carnaza), ha cuadruplicado su demanda desde que se ha emitido el último vídeo.) A esto se suman otras ofertas de entretenimiento como catas de pastis con trazas de dihidrodesoximorfina o metilendioxipirovalerona o la más aclamada como mágico fin de fiesta llamada “balconing” (balconismo) por la cual algunos muchachos, después de degradarse física y moralmente por los bares de la zona, se defenestran voluntariamente desde las alturas con graves resultados como el accidente mortal sufrido el pasado 18 de Junio por un joven de 23 años. Todo indica a que el nuevo Círculo de Bloomsbury del siglo XXI no surgirá en esta generación.

ColasFelicidadInglaterraHooliganismoPrometidoDeuda4El alcoholismo juvenil, la desatención de los familiares incapaces de contener a su desatada prole y la inacción de las autoridades ya es toda una “Marca Inglaterra”. La relación de los ingleses con las sustancias dopantes es legendaria, hasta la yegua Estimate, ganadora de la Copa de Oro de Ascot y propiedad de la mismísima reina Isabel II, ha dado positivo en los controles anti-doping por morfina. Resulta preocupante la decadencia de los valores éticos y morales de la juventud inglesa; aunque les falte todavía mucha cola por desollar, muchos de ellos ya son víctimas o protagonistas de un modelo de sociedad individualista, hedonista, y solipsista que es una verdadera pena para ese gran país. Visto lo visto sólo queda preguntarse: ¿Dónde se reparte la anomia y el furor timótico? ¿Está triunfando la siniestra profecía de la baronesa Thatcher “la sociedad no existe”? ¿En qué momento se torcieron los muchachos? ¿De qué oscura sombra huyen?  ¿Qué tipo de trauma infantil ocultan?

España  3) COLAS ESPAÑOLAS

Mientras tanto en España las colas que dominan son las líneas que forman las personas afines. La más significativa de ellas es la formada ante las oficinas de (des)empleo estatales (SEPE, antiguo INEM), ya que la crisis ha llevado a España a liderar junto a Grecia el desempleo en Europa y a pasar de los 1.970.338 desempleados registrados en el mes de Julio del año 2007 a los 4.419.860 desempleados en Julio de 2014. Por no mencionar las colas ante los bancos de alimentos, comedores sociales, etc.

ColasFelicidadOneDirectionPrometidoDeuda5Sin embargo, este verano nos ha dado cuenta de otras colas menos dramáticas. Por ejemplo, el pasado 10 de Julio “actuó” el sosaina quinteto “musical” de imberbes efebos anglosajones llamado “One Direction” en el estadio Vicente Calderón de Madrid. Esta presunta banda, que parece diseñada por el televisivo pederasta Jimmy Savile, es otro plastificado producto de marketing para niñas, adolescentes y gays prepúberes de la factoría especializada en explotar picores, taladrar cerebros y oídos llamada The X Factor. Pese a que la entrada mínima costaba 55 euros, las colas comenzaron unos dos meses antes del concierto y se fueron transformando paulatinamente en un auténtico campamento con sofisticados sistemas de tareas y turnos estructurados a fin de evitar, desde que alguien se quisiera colar, hasta que alguien que pasara por allí pudiera conferir canónicamente un beneficio eclesiástico. Arantxa es una veterana de estos tinglados a sus 18 años y relató que si no hubiese habido tanta expectación mediática “habríamos venido sólo 20 días antes, como el año pasado”. Laura, también de 18 años, tampoco quiso quedarse en el furgón de cola de la muchachada proto-monomaníaca y llegó desde Guadalajara 47 días antes del concierto; ambas quizá ya se conocían desde hace un par de años de las redes sociales donde eran dos followers activas de Justin Bieber, cuando su gusto musical aún no había madurado y cuando aún no habían completado el rito de paso a ser consumidoras formadas en busca de una felicidad tan accesible como lo que indique el precio de la entrada. Paralelamente, en este circo pop las menores de edad contaron con el respaldo de sus orgullosos progenitores, entre los que no encontraremos por mucho que busquemos al nuevo matrimonio Sagan-Margulis del siglo XXI. Después de dos meses de espera el concierto apenas un suspiro entre play backs y karaokes pero inundó las redes sociales con cientos de miles de tediosos y olvidables vídeos e imágenes.

Más penosas resultaron todavía las colas de los generalmente ajados fans de los Rolling Stones, que actuaron (éstos sí) el pasado 25 de Junio en el Estadio Santiago Bernabéu de Madrid. Pese a que la entrada mínima costaba 85 euros, miles de personas aguantaron interminables colas ante los puntos oficiales de venta. El mitómano cuarentón Víctor, apostado en la Plaza del Callao de Madrid, dijo “llevo toda la noche sin dormir porque la organización de la venta de entradas está fatal. Ya me pasó lo mismo en el [concierto] de Bon Jovi… Pero todo esto merece la pena”. El día del concierto, mucho antes de la apertura de puertas, se formaron largas colas rodeando el estadio para coger sitio; “aguanto para estar lo más cerca posible de mis ídolos” decía un patético cincuentón. El ego y las cuentas corrientes de sus Satánicas Senectudes lo agradecen.

ColasFelicidadMataATusIdolosPrometidoDeuda5Otra poco edificante pérdida de tiempo es la siguiente: el pasado 21 de Junio se inauguró la tienda Apple en la Puerta del Sol de Madrid congregando a cientos de jóvenes urbanitas que aguardaban cola desde el día anterior. La tienda ya se había encargado de excitar a sus enfermizos y pseudo-pajilleros fans en las vísperas: “ven y puedes tocar todo lo que quieras”. Pese al mazazo de desechar el legendario cartel de Tío Pepe que colgaba en lo alto de su edificio por no considerarlo suficiente vintage, la tienda Apple se llenó de freaks. Así, según cuentan Sergio C. Fanjul y otros, se pudo ver al veinteañero Eduardo, que llevaba un día entero de cola para ser el primero en estar al lado de sus deseados fetiches tecnológicos, o el adolescente Xavi, llegado expresamente de Barcelona para comerse una cola de más de 13 horas, o el geek Jesús, que llevaba esperando a que abrieran la tienda más dos años, o el treintañero Daniel, todo un coleccionista de tiendas Apple cuyo sueño era “ver la primera flagship de Apple en Madrid” o el cuarentón Juan, actualmente en paro, que comentaba que esta tienda es ”la primera con geniusbar de 360 grados” mientras mostraba con orgullo una de las mil camisetas oficiales con las que Apple obsequiaba a sus súbditos.

Otras colas más repetitivas y domésticas, aunque no por ello menos lastimeras, son las del fútbol. Por ejemplo: “Miles de personas hacen colas en el Bernabéu horas antes de la presentación del último fichaje del Real Madrid James Rodríguez”, “Colas para hacerse con una entrada para el choque de previa de Champions entre el Athletic Club de Bilbao y el S.S.C. Napoli”, “Las Oficinas de Atención al Socio del Deportivo de la Coruña no dan abasto por las largas colas desde primera hora de la mañana”, “Largas colas para hacerse con un abono del Betis para la nueva temporada en Segunda división”, etc. Así estamos.

Sucker & Colate

>> Nuestro sueño pequeñoburgués se ha hecho realidad, por fin hemos pasado de vivir en un barrio de camellos, proxenetas y prostitutas a otro de emprendedores y esforzados contribuyentes a la riqueza nacional, ¡y sin movernos de casa!

VISIBLES

Y es que la Contabilidad Nacional va a empezar a computar en septiembre el efecto de la economía informal que generan las actividades del proxenetismo, la prostitución, el contrabando, la producción y el tráfico de drogas en el Producto Interior Bruto (PIB nominal) según exige la Comisión Europea.

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Pero esto no es nuevo, el nuevo sistema europeo de cuentas (SEC 2010) de Eurostat se aprobó en mayo del año 2013 para aplicar antes de 2018. Ya en el año 2010 el entonces Presidente del Instituto Nacional de Estadística (INE), Jaume García, adelantó está posible ventaja estadística para España: “la prostitución, el contrabando y el tráfico de drogas son tres sectores no despreciables de ámbito económico”. Canis, bacaladeros, yuppies y otros Pibes también agradecen el detalle.

Esto puede resultar extraño pero desde la actual óptica economicista hegemónica no tiene nada de particular, ya que las actividades desreguladas que evaden al fisco forman más parte del cotarro que sus derivadas morales.

El gobierno español y las nefastas políticas económicas y sociales austerófilas impuestas por la troika (Fondo Monetario Internacional, Comisión Europea y Banco Central Europeo) están de enhorabuena, con este nuevo truco contable (más dado a las manipulaciones de los datos que la contabilidad de Nueva Rumasa) volverá el crecimiento, disminuirá la ratio deuda/PIB y se alcanzarán los objetivos de déficit. Gobierno, 1 – Ciudadano recortado, 0.

Ahora todo parece encajar:

  • La renuncia de España a la Justicia universal no ha sido cosa de chinos, la puesta en libertad de decenas de narcotraficantes en los últimos meses obedece a la nueva lógica económica: una menor coacción del estado para los negocios de los emprendedores de sustancias recreativas para el ocio familiar.
  • La reforma del Código Penal (en el artículo 187) propuesta por el ministro de Justicia Gallardón dificultará la penalización por proxenetismo a los emprendedores del negocio de relax, naturaleza y coito familiar.

Y ahora, ¡a crecer!
Pero la medida de la prosperidad de un país mediante el crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB), que economistas, políticos y público en general consideran bueno por sí mismo, no tiene por qué serlo.

La crítica al PIB es muy antigua y se refiere a que es un indicador que no dice nada sobre la distribución de la riqueza, puede reflejar como oportunidades positivas desgracias como epidemias o terremotos, no refleja actividades “no económicas” que repercuten más en el bienestar de las personas que las meramente mercantilizadas, tampoco expresa el impacto de la actividad económica contaminante sobre el ambiente y se limita a contabilizar el trabajo remunerado, excluyendo, por ejemplo, un trabajo socialmente imprescindible como es el trabajo doméstico.

INVISIBLES

En general, el trabajo doméstico nunca ha tenido gran importancia para los economistas que, como se ha visto, prefieren incluir antes la prostitución, el contrabando o el tráfico de drogas en el PIB que actividades como cocinar, hacer la compra, lavar, fregar, limpiar, coser, planchar, regar, atender a las mascotas, cuidar a los niños, ancianos y discapacitados, etc. y eso que se estima que la prostitución y las drogas podrían aumentar el PIB hasta un 2% mientras que el trabajo doméstico lo aumentaría como mínimo un 20%.
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Esta incongruencia se debe a que las horas dedicadas al trabajo doméstico están realizadas mayoritariamente por las mujeres. Recordemos que cuando nuestras madres y abuelas dedicaban su tiempo a cocinar eran simples “cosas de cocina” sin importancia y ahora que los fogones se han profesionalizado y mercantilizado ya se trata de un asunto cotizado y prestigiado mayoritariamente por varones (“restauradores”, “chefs” o “creativos gastronómicos”). Esta invisibilidad contable no es casual sino que es fruto de la tradicional división del trabajo entre los hombres y las mujeres, de los espacios públicos y los privados y la separación la esfera productiva y la reproductiva.

Por tanto, la Contabilidad Nacional sigue sin otorgar ningún valor económico al trabajo doméstico, y por extensión al trabajo no remunerado cuyo producto no esté directamente orientado al mercado (por ejemplo, que una madre de el pecho a su bebé no cuenta en el PIB pero sí comprar un sucedáneo lácteo). Amigas y amigos, así esta el mundo.

Emmeline Pankhurst

En una ocasión, me comentaba un amigo psicólogo que existe cierto desequilibrio mental rara vez diagnosticado, el cual, tras la creación de un medicamento para tratarlo y consecuentes estudios sobre el mismo (oportunamente enviados a la comunidad psiquiátrica por la industria farmacéutica que lo elaboraba), mágicamente, de la noche a la mañana, se convirtió en un síndrome que afirmaban empezaba a afectar, de modo creciente, a parte de la población.

Eso me trajo a la memoria aquella descacharrante aventura de Fat Freddy, el legendario miembro de los Fabulosos Freak Brothers, en la que, viéndose sumido en la penuria económica, decide, para ganarse unos cuartos, crear una fabulosa campaña contra una droga que no existe y que se saca de la manga, el famoso Squeak. Consigue financiación para su gran odisea en bien de la sociedad (¿Cómo es que nunca hemos oído hablar de él?, le preguntan las autoridades; “es tan nuevo que casi nadie lo conoce, tenemos que adelantarnos a su propagación”) y monta uno de sus legendarios y surrealistas pitotes. Al pobre Norbert el poli, el sufrido, reaccionario y perdidísimo antagonista del trío, casi le da algo tratando infructuosamente de atrapar camellos inexistentes de drogas desconocidas. Por supuesto, todo el mundo de la calle está como loco por comprar aquel nuevo maná y disfrutar de sus innumerables virtudes, denunciadas como males por el engominado, marketiniano y proactivo -por usar ínclitas palabrejas empresariales- personaje bajo el cual se ha disfrazado el bueno de Fat Freddy. La ansiedad es creciente, todo el mundo quiere hacerse con el famoso Squeak sin lograrlo (“¿Cómo es que no se consigue por ningún lado?”, le preguntan; “es la prueba de que la campaña está siendo un éxito”). Y ahí entran en escena sus amigos, los no menos legendarios Freewheelin’ Franklin y Phineas T. Freakears, los cuales, envidiosos de su éxito, empiezan a vender, para fastidiarle el chollo, lo que afirman que es Squeak (y que no recuerdo bien que era, pero en todo caso ni siquiera contenía sustancias psicoactivas), ganando además con ello un buen montón de dinero que, por supuesto, dedicarán a la compra de drogas más reales. Me parece que al final los detienen, pero como lo que venden no es ilegal, no pueden acusarlos de nada.

Aquello me hizo recordar, enseguida verán por qué, aquel célebre debate de Jesús Hermida en el que se denunciaban los males de la ruta del bakalao. Durante bastante tiempo, la ruta del bacalao no venía siendo más que un recorrido fiestero minoritario, conocido solo por aquellos más metidos en el tema de la muvaloca, las drogas y el tecno, jóvenes bakalas que pasaban varios días sin dormir y de fiesta en fiesta, castigándose el cuerpo y las neuronas a base de éxtasis, cachondeo y subidón; tras otros varios días recuperándose y sufriendo el temido bajón, estaban listos para volver a empezar. Hasta que, en el mencionado programa, los padres intelectuales de la nación no se rasgaron las vestiduras despotricando sobre el asunto, lo cierto es que la mayoría del mocerío ignoraba la existencia de lo que, a partir de entonces, se convertiría en la famosa ruta del bakalao. El programa se había convertido en la más portentosa y efectiva campaña para promocionarla.

Bien mirado (o mal mirado, según como se vea), se diría que lo que en el fondo se acabó promocionando, con mayor o menor consciencia, era que los jóvenes se pusieran finos y pensaran poco, se dedicaran a extasiarse y al buen rollito y entraran en la era del positivismo, el despilfarro y el todo va bien por la puerta grande, creyéndose, además, admirablemente rebeldes. Por si fuera poco, aquel programa y sus vástagos llevaron al borde de la histeria a muchísimas madres de España (acercándolas un paso más a la adicción a los ansiolíticos en la que aún no sabían que iban a caer) y de algún modo supuso el colofón a aquella suerte de quiebre generacional que hizo que se instalara la desconfianza y la incomprensión en el seno de tantas familias que, hasta entonces, y en la medida de lo posible, se encontraban razonablemente bien avenidas. Puso además de moda, para rematar, los debates con público, lo que rápidamente degeneró en contertulios más preocupados por un buen aplauso que por un buen argumento. Una joya aquel programa.

Y de la ruta del bakalao, a innumerables otras rutas nacidas de ingenios periodísticos, por adjetivarlos de algún modo, bastante cuestionables. Como aquella peregrina “ruta del elefante”, gracioso nombre que hacía referencia a las costumbres etílicas de los jóvenes de un pueblo de cuyo nombre no puedo acordarme que, al parecer, acostumbraban a ponerse “trompas” con bastante más asiduidad de lo que las buenas costumbres aconsejan. Probablemente os suene de algo, si habéis logrado guardar algún recuerdo de vuestro paso por los noventa. Ponerse trompas. Alguien debería haber advertido al creador de la imagen de marca, que hay expresiones que si no se dicen medio en broma se tornan un tanto grotescas. Es como decir “ir piripi”; si lo dices en tono guasón tiene su gracia, pero resultaría bastante ridículo si un párroco, un suponer, dijera desde el púlpito algo así como “es una vergüenza que haya gente del pueblo que no viene a misa porque se va al bar a ponerse piripi”.

Imagino que semejante expresión tuvo que salir, cuando menos, del programa de Nieves Herrero, autora de no menos proverbiales programas de denuncia y discípula, por cierto, del señor Hermida. No creo, valga decirlo y por lo demás, que el omnipresente periodista, al menos lo era en aquel entonces, estuviera detrás de todo el sentido promocional del asunto (si es que había alguien detrás, que yo creo que sí, para alegría morbosa de la sección de conspiración con la que no cuenta ni contará este blog). Algún pérfido personaje le daría la idea, imagino, dibujándosela de campaña benefactora; tengo la sensación de que el señor Hermida estaba realmente convencido de que estaba ayudando a España.

Y ya lanzado a sumergirme en la memoria, recuerdo también, de aquellos tiempos, aquel día en la que llegó a casa un amigo de mi hermano totalmente flipado (en realidad era un flipado per se, solo que aquel día lo era más), porque venía de participar en la campaña de promoción del célebre tema de Bobby Mc Ferrin “Don’t worry be happy”. Sí, ese, el del silbido pegadizo.

La estrategia de la campaña, por lo que con el tiempo he llegado a deducir, fue la siguiente: como primer paso, crear un batallón de jóvenes enérgicos y energéticos –léase el protagonista de la anécdota- convenientemente adoctrinados y armados de spray y extensil (por lo visto se llama así, viene a ser el molde de toda la vida), que se encargarían de llenar la ciudad de caras sonrientes. Con ello, lograban que un sector importante de la población –léase el público objetivo, pues militar es la terminología usada- se preguntara con curiosidad de qué iba el asunto; con curiosidad e interés, ya que, lo dice cualquier manual de psicología que se precie, todo el mundo se siente atraído por una cara sonriente. Tras un adecuado y estudiado tiempo de espera que sirviese para hacer crecer la expectación, se lanzaría la canción a bombo y platillo. Y luego, la apoteosis de la dichosa carita, smiley para los amigos, en camisetas, chapas, tazas, escobillas para el váter, recopilatorios… Lo cierto es que se vería por todas partes, incluso en los miles, decenas de miles, de éxtasis que se consumirían por aquel entonces en aquellas marchosas rutas de las que hablábamos.

Don´t worry. Be happy. No te preocupes. Se feliz. Nótese el uso del imperativo. No te preocupes. Se feliz. Y así, nació aquella suerte de paroxismo que llevaría a la gente, con el tiempo, al absurdo de tener que tomarse, en una vuelta más de la cultura del esfuerzo, la alegría muy en serio. Toda una suerte de curioso y surrealista oxímoron. Como aquel que, décadas antes, Bertrand Russel, uno de los padres putativos del mundo por llegar, había elegido como título para uno de sus ensayos, “La Conquista de la Felicidad”. Por lo visto, no teníamos bastante con conquistar una naturaleza a la que ya pertenecíamos, polarizándonos de la realidad de la manera más demencial, sino que ahora los hombres debían henchir sus pechos en pos de nuevas conquistas.

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Nos hacemos eco de una entrevista publicada en La Vanguardia de indudable interés periodístico, un niño estuvo con Jesús. Tengo 13 años. Nací y vivo en Imperial, un pueblecito de Nebraska. Voy al colegio y estudio. De mayor quiero predicar por el mundo el amor de Dios: es lo que Jesús me encargó. Me gusta la música, toco el piano y la trompeta. No tengo miedo a morir: ya sé que el cielo es real. Me mira fijamente desde sus trece años con sus ojos azules y me saluda muy circunspecto: enseguida tengo la sensación de estar con alguien muy maduro emocionalmente, muy sereno, no con un chaval. Mi fotógrafo, Pedro Madueño, de pupila afilada, me lo confirma luego: “Entras en la sala… y su presencia llama la atención, atrae”. Lo cierto es que se trata sólo de un niño que dice haber visto el cielo…, lo que no es tan extraño: su padre es pastor de la iglesia local, y su madre trabaja en la parroquia. ¿Qué otra cosa podría haber visto Colton en una experiencia cercana a la muerte? Sus padres recogen lo que cuenta en El cielo es real y El cielo lo cambia todo.

Has estado en el cielo? ¡Sí!

¿Cuándo? Tenía casi cuatro años y el cirujano me operaba de una peritonitis…

¿Y del quirófano… al cielo? Estuve al borde la muerte, y salí de mi cuerpo y fui al cielo.

¿Cómo es el cielo? Espectacular, increíble, maravilloso.

¿Qué viste? Vi a Jesús, al Espíritu Santo, muchos ángeles… Y los ángeles me cantaban bonitas canciones. Estuve muy a gusto, sentí amor.

¿Qué clima hay en el cielo? Calorcito, porque la luz de Dios y Jesús ilumina y lo calienta todo.

¿Qué colores tiene el cielo? ¡Todos los colores de la Tierra y más!

¿A qué huele el cielo? No lo sé. Dios no me permite recordarlo.

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