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Se despertó con los primeros rayos del sol. Miró el reloj, eran las 4:30 de la mañana. Hizo la cama con más voluntad que acierto, y acto seguido, se apoyó en la misma para hacer unas cuantas flexiones a pesar de encontrase algo mayor y cansado por el viaje. Una hora después, llamaron a la puerta, una mujer entró y le dijo: “no tenía usted que haber hecho la cama, no señor Mandela”.

Cuenta John Carlin en su interesante y apasionado libro “Playing the enemy” (“El factor humano”, sobre la que se hizo la película “Invictus” de Clint Eastwood) que Mandela ni cuando estaba en un Hotel de lujo ni invitado en casa ajena ni siquiera en Buckingham Palace rompía con los rituales establecidos durante sus 27 años de prisión, tiempo más que suficiente para que cualquier persona acabe institucionalizada.

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Nelson Rolihlahla Mandela (1918-2013) es un político clave en la historia de Sudáfrica junto a otros agrupados en torno al Congreso Nacional Africano (ANC) que conformaban el propio ANC, el SACP (Partido Comunista Sudafricano) y el COSATU (Congreso de Sindicatos de Sudáfrica) como Albert Lutuli (1898-1967) premio Nobel de la Paz 30 años antes que Mandela, Walter Sisulu (1912-2003) también condenado en el juicio de Rivonia y encarcelado en la isla de Robben hasta 1989, Anton Lembede (1913-1947) del que se inspirase el propio Patrice Lumumba (único Primer Ministro democrático congolés del siglo XX hasta que fue asesinado por la CIA), Oliver Tambo (1917-1993) que pasó 30 años exiliado, Joe Slovo (1926-1995), 27 años exiliado, o Stephen Biko (1946-1977) encarcelado bajo la Ley Antiterrorista, torturado y asesinado por el terrorismo de estado.

Mandela es un gigante político en comparación con los políticos del momento (desde el más importante, el Nobel Obama, al más irrelevante, Rajoy) que no paran de citarle como ejemplo y fuente de inspiración personal. Los niños, los apolíticos de derechas y los bacaladeros deberían conocer que, efectivamente, Mandela estuvo ni más ni menos que 27 años encarcelado por defender causas que hoy serían evidentes, lo que supone el 35% de su vida adulta. Fue el prisionero 466/64 en la isla Robben a 12 km de Ciudad del Cabo, en penosas condiciones durante 18 años, después estuvo nueve años más en la cárcel de Pollsmoor (junto a Walter Sisulu) y en otras prisiones para facilitar el mantenimiento de discretos contactos con el gobierno sudafricano cuando el régimen se descomponía. Pero en lugar de debilitarle la falta de libertad, Mandela tuvo la inteligencia para fortalecerse en prisión, estudió la historia, cultura y lengua de sus adversarios afrikáners, meditó críticamente sobre la lucha armada, el papel futuro del ANC y las vías de la reconciliación, comprendió que cuando uno está capacitado para hacer justicia le hace mas fuerte el perdón que la venganza e incluso se doctoró en Derecho por correspondencia en la Universidad de Londres (y al parecer se le impidió llegar al rectorado, colocando hábilmente en su lugar a la Dama del Cardo y posterior presidenta de la Federación Ecuestre Internacional, la princesa Ana del Reino Unido).

Mandela era listo e inteligente como el que más, cuando comenzó a cobrar más protagonismo, a través de su propia imagen estaba “vendiendo” al mundo una Sudáfrica moderna que la mayoría de los gobiernos y multinacionales occidentales estaban deseosos de poder “comprar” para expiar su culpa por haber mirado para otro lado en tiempos de la Sudáfrica racista, esto es, haber puesto paños calientes a un régimen de apartheid (que significa “separación“) basado en un violento sistema institucional de discriminación y segregación racial de los blancos contra los no blancos que duró desde el año 1949 hasta 1994.

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Durante el régimen racista de Sudáfrica 50.000 agricultores blancos poseían el 92% de la tierra, mientras que el 8% restante quedaba para 14.000.000 de depauperados agricultores negros y sus familias. De ese modo, el apartheid también tuvo su reflejo en las leyes (que, como apuntaba Marx, siempre son expresión de las clases dominantes) como la Ley de Prohibición de Matrimonios Mixtos (1949), la Ley de Registro de Población (1950) por la que había una “Junta de clasificación de razas” a la que se podía acudir para solicitar de qué raza a qué raza se quería uno pasar (a saber, de mayor a menor ilotismo: negros, indios, mestizos y después, claro, blancos), la Ley de Supresión del Comunismo (1950) por la cual casi cualquier oposición, además del SACP, se consideraba comunista tal y como se le calificó a Mandela como joven dirigente del ANC, la Ley de Áreas de Grupo (1950) que creaba guetos, la Ley de Servicios Públicos Separados (1953) con sus infaustos letreros “sólo para blancos“, la Ley del Trabajo de Nativos (1953) por la que se prohibió la huelga a los trabajadores negros, la Ley de Nativos (1956) que imposibilitaba a los negros acudir a la justicia por desalojos de sus viviendas, la Ley de Promoción de Autogobierno Bantú (1959) que prohibió presentarse al parlamento a los negros; la Ley de Extensión de Educación Universitaria (1959) que prohibió el acceso de los negros a las universidades reservadas para blancos, la Ley Anti-Terrorista (1967) que posibilitaba la detención indefinida sin tutela judicial y la tortura como método policial, etc. En el juicio de Rivonia, que condenó a Mandela a cadena perpetua por casi 200 actos de sabotaje en 1964, Mandela dijo lo siguiente: “hay dos maneras de salir de la pobreza: la primera es mediante el acceso a la educación reglada y la segunda la formación laboral del trabajador y por consiguiente un salario más alto; en lo que respecta a los africanos [negros] ambas posibilidades se ven deliberadamente reducidas por la legislación”.

En España nunca supimos gran cosa de Sudáfrica, en los ochenta veíamos recurrentemente por el televisor las manifestaciones de protesta de los negros como algo muy distante, la matanza de Soweto (1976) con casi 600 muertos ya quedaba lejos aunque la canción del interesante grupo punk TDeK titulada “Carne picada” (1986) ya nos decía a los televidentes: “Sudáfrica está al rojo, que felicidad, se han cargado a quince negros… nena pasa el pan… una vez puesto el reclamo ya te pueden anunciar… la basura para audiencias que alimenta la publicidad”. Posteriormente hemos sabido más de Sudáfrica por el Mundial de fútbol de 2010, una de las pocas alegrías inocentes del sufrido pueblo español ya que la Copa del Mundo la ganó un equipo parcialmente africano (España) a otro parcialmente afrikáner (Países Bajos). Hubiese sido una desgracia para muchos sudafricanos que en el minuto 82 de la final el portero del seleccionado español (Casillas) no hubiera parado el mano a mano con el delantero holandés (Robben) ya que no se hubiera producido el gol de la victoria de los muchachos de Del Bosque en el minuto 116 (Iniesta); además la conexión de ideas hubiese resultado desagradable para el propio Mandela: Isla de Robben-Gol de Robben. Estas anécdotas son las que más emocionan al gran estadista en el que se ha convertido el Presidente del gobierno de España (Rajoy) que ha comentado a los periodistas sus apasionantes impresiones sobre el funeral de Mandela: “es un momento muy bonito porque es el estadio en el que España ganó el Mundial”.

MandelaAlborotadorVive5Bueno, el funeral de Mandela ha sido un momento muy bonito, casi futbolístico; parece que la mayoría de los medios de comunicación han seguido esta misma línea simplona. La muerte de Mandela ha sido tratada en los medios occidentales como si el personaje fuese una mezcla de Michael Jackson, Lady Di y el Papa; se puede decir que ha muerto posmodernamente en mediático olor de santidad pop. La mayoría de los medios han mostrado a un Mandela bonachón, anciano e inofensivo, como si nunca hubiese leído a Marx, hubiese adquirido su conciencia política y de clase por ciencia infusa y hubiese estado en la cárcel de paso. En España algunos medios derechistas han sido más atrevidos ya que han recordado su pasado de inspiración y compromiso socialista aunque hayan tenido que bloquear los comentarios en sus ediciones digitales por los insultos racistas que dedicaban al personaje sus educados y cristianos lectores; por ejemplo, uno de ellos, más moderado, probablemente un troll, no se quejaba de que Mandela tuviera su propio día en la ONU (“Día Internacional de Nelson Mandela”) sino que éste fuera precisamente el 18 de julio, el dína del “glorioso alzamiento de la cruzada nacional en España”, y es que Mandela, al no ser de Bilbao, no pudo haber nacido cuando y donde quiso.

En realidad lo que se le reconoce a Mandela es no haber sido vengativo contra las élites blancas represoras y el mantenimiento del poder económico básicamente en las mismas manos del apartheid; por ejemplo, el programa del ANC abandonó su objetivo de nacionalizar la riqueza minera del país con fines redistributivos o que casi todos los mandos policiales de la era apartheid continuaran en sus puestos durante el paso de la dictadura a la democracia, que allí no se conoce como “la transición” como en España sino como “el proceso”.

Este mantenimiento del status quo verdadero (el control de los medios de producción por la antigua élite sudafricana y multinacional) ha favorecido el travestismo de muchos medios de comunicación, políticos, empresarios, etc. que se han sumado a la corriente de las loas a Mandela de manera sobrevenida y tardía. Es el caso de muchos think tanks neocons como el estadounidense Fundación Heritage que pasó del “Nelson Mandela no es un luchador por la libertad, ha apoyado el terrorismo” (1990) al “Nelson Mandela fue un símbolo de compasión e igualdad” (2013).

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Del mismo modo, hasta hace poco Mandela era un terrorista convencido, un comunista de estricta obediencia y un racista contra los blancos para los ídolos del neoliberalismo como Margaret Thatcher (que mientras se oponía a las sanciones impuestas por la ONU y la UE a la Sudáfrica racista de P. W. Botha, al que invitó a visitar el Reino Unido, apoyaba a los Jemeres Rojos de Pol Pot o consideraba a Pinochet un benefactor de la humanidad) y Ronald Reagan (que en 1986, apoyó a los 180 congresistas que votaron en contra de la resolución de la ONU tras la campaña internacional que inició Tambo para apoyar la liberación de Mandela). Ya en 1990 ninguna institución oficial de Florida recibió a Mandela porque sostenían que no había renegado de su amistad con Fidel Castro (y como podría hacerlo si los países que siempre apoyaron la causa del ANC fueron del ojete del mal: Cuba, URSS, Libia, Angola, Palestina, etc.), de este modo, el gobierno de EE.UU. mantuvo a Mandela en una lista de terroristas internacionales hasta el año 2008, bastante después de su retirada de la política y de recibir el Premio Nobel de la Paz junto al reformado Frederik de Klerk.

Pero Mandela no era tal y como lo veían Botha, Thatcher y Reagan, sino que era tal y como lo veía su pueblo. En el año 1985 en las negociaciones informales con el gobierno sudafricano (a través del ministro Kobie Coetsee) Mandela se negó a canjear el cese de la lucha armada (estrategia que ya estaba decidida) por su libertad condicional o a participar en el descabezamiento del Partido Comunista (SACP), “no voy a deshacerme ahora de socios leales que han estado con el ANC a lo largo de toda la lucha” dijo. Y sabía de lo que hablaba, Mandela era muy amigo del dirigente comunista del SACP Joe Slovo pero si hubiese triunfado la fallida operación para asesinarle (orquestada por el servicio secreto Sudafricano a través del montaje de un intento de fuga en 1969) el “nuevo Mandela” podría haber sido el muy popular Chris Hani, comunista y líder del SACP y jefe del pomposamente llamado Umkhonto we Sizwe, brazo armado del ANC surgido tras la masacre de Sharpville en 1960 donde la Policía mató a 69 manifestantes, detuvo a 12.000 personas e ilegalizó el ANC (el propio Mandela, militante del Umkhonto we Sizwe, pasó a la clandestinidad hasta que fue detenido por el servicio secreto sudafricano en colaboración con la CIA). Pero aunque Chris Hani respaldó siempre a Mandela en las negociaciones, el abandono de la lucha armada y las posibilidades de reconciliación, fue asesinado en 1993 por un ultraderechista casi analfabeto llamado Janusz Waluś en una época de gran tensión política que estuvo por dar al traste el ascenso a la presidencia de Mandela.

Y a pesar de todo finalmente Mandela legó a ser presidente de Sudáfrica (1994-1999) con el 62% de los votos en las primeras elecciones multirraciales por la lista del ANC (la organización terrorista para los thatcherianos y los reaganianos). Desde entonces Sudáfrica ha desterrado el apartheid y ha mejorado algunas otras cosas; por ejemplo, el grupo paramilitar racista Afrikaner Weerstandsbeweging (AWB) creado por Terre’Blanche (hasta su iluminación y posterior asesinato a machetazos por dos de sus empleados), los llamados “bitter enders” (antiguos bittereinders) y demás basura neonazi o el ultraderechista partido político zulú Inkatha fundado por el colaboracionista Buthelezi (combatió a la disidencia Zulú y al ANC a cambio de reinar sobre un pequeño y pobre feudo financiado por el gobierno del apartheid) son ya muy residuales.

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Sin embargo, Sudáfrica todavía tiene muchos problemas (como todas las democracias partiticráticas que nos hemos dado). Es el país industrializado más desigual del mundo (0,65 de índice de Gini; por ejemplo, España, el segundo país más desigual de la UE tiene un índice de Gini del 0,35), el índice de corrupción es elevado, la criminalidad sigue disparada (especialmente contra las mujeres, hasta el propio Oscar Pistorius, el gran atleta olímpico y paralímpico otrora ídolo nacional, ha sido acusado de asesinar a su novia), la tasa de desempleo es muy alta (40% los negros, 28% los mestizos, 16% los indios y 7% los blancos) y la policía sigue reprimiendo a los que reclaman mejoras laborales (la masacre de las minas de Lonmin plc en 2012 se saldó con 34 mineros muertos a balazos por la policía); incluso el más conocido de los escritores sudafricanos (J. M. Coetzee) nos habla del fatalismo de una Sudáfrica donde todavía sigue muy presente la desgracia.

Nelson Rolihlahla MANDELA ha muerto el pasado 5 de diciembre, justo 222 años después del fallecimiento de Mozart. Rolihlahla, en xhosa, en el lenguaje de su etnia, significa algo así como “alborotador”.

Tristramshander

Portada del Nuevo Disco Marxista de Britney SpearsEs envidiable la vida de una niña cantora prodigio: zorrez, adicciones, marxismo… Porque sí, Britney Spears se ha vuelto marxista; lo confirman sus últimas declaraciones a la versión inglesa de “Puré Digital” (http://www.thedailymash.co.uk/news/arts-entertainment/80353-2013101480353): “mi último video defiende la teoría del valor-trabajo de Karl Marx como producto social e histórico y el carácter fetichista de la propia mercancía que, al margen de su valor de uso, no deja de ser un objeto endemoniado, rico en matices metafísicos y reticencias teológicas“. La sutil letra de su último single “Work Bitch” no deja lugar a dudas: “¿Quieres vivir de lujo? ¿Vivir en una gran mansión? ¿Fiesta en Francia? Es mejor que trabajes puta. Ahora ponte a trabajar puta. Trabajo, trabajo, trabajo”; es decir, según aclara la marchosa cantante de Misisipi: “la seducción por la mercancía refleja la relación social del trabajo que la contiene como objeto existente al margen de los productores, objetivada socialmente e inherente al producto del propio trabajo”.

Animado por estas declaraciones Justin Bieber ha escrito al comité central del CPC-PCC (Communist Party of Canada) para pedir su ingreso como militante de base. Con esto, ya no hace falta tirar tanto del incombustible Rosendo Mercado, porque las actuaciones musicales de la fiesta del PCE del próximo año prometen. Sin embargo, no hace falta sufrir el síndrome de auto-fermentación alcohólica, ni haber leído los relatos de Alcínoo, ni siquiera ser seguidor del joven Marx como copresidente del Club de la Taberna de Tréveris para ver la mojiganga. Pero no, no se animen todavía, no todo es sainete, los míticos Bob Dylan y Franco Battiato siguen siendo papaflautas.

En el hipermercado mundial de ídolos juveniles no hay lugar para los críticos o librepensadores. Las niñas prodigio manufacturadas en la fábrica Disney compiten tras la adolescencia por frívolas poses impostadas, tan inmaduramente sexualizadas como vacías de contenido. Ni siquiera si las farmacéuticas inventaran una gragea contra la estulticia y el tedio universal estas plastificadas divas dejarían de tener millones de seguidores. Pero si la cantidad de personas prescindibles en este mundo es directamente proporcional a su proximidad al foco mediático podríamos recordar el caso del futbolista (otra profesión fetiche) Ivan Ergić, el capitán del F.C. Basilea e internacional con la selección de Serbia, nacido en el mismo pueblo que Dražen Petrović y nacionalizado australiano.

IvanErgicMarxResulta que Ergić ingresó temporalmente en la Clínica Psiquiátrica Universitaria de Basilea por depresión en 2004, algo que fue tomado como anatema en el mundo futbolístico (aunque no sea para tanto, a finales del XIX el mismo Nietzsche era bien conocido de este tipo de clínicas en Basilea). Un año después, en el talk-show “Aeschbacher” de la televisión suiza SRF, el propio Kurt Aeschbacher le entrevistó. Ergić comentó que fue precisamente el fútbol profesional el causante de su depresión y que, para superarla, se refugió en la lectura. Cuando el presentador pensaba que se trataría de la Biblia comprobó que las lecturas que inspiraron a Ergić eran de Marx. “¿Karl Marx?”, preguntó sorprendido Aeschbacher; y Ergić, tras hacer una pausa continuó: “sí, claro hace ya ciento cincuenta años que Marx mostró las contradicciones del capitalismo y los males que el dinero provoca en el mundo, y en esto el fútbol no es una excepción. Marx escribió que el capitalismo destruiría la naturaleza humana y daría paso a la alienación absoluta y en eso tuvo razón”.

Ivan Ergić se retiró del fútbol el año pasado y colabora con las revistas “Politika” (la más antigua de serbia) o Tageswoche (suiza); en sus artículos no existe eso de “los partidos duran noventa minutos” o “si la pelota no quiere entrar no pasamos del empate a cero” sino que comenta ideas que se podían aplicar a esta entrada:  “la teoría crítica de la Escuela de Frankfurt percibe la cultura de masas como algo conformista, mercantil y creada por las élites, pero hay otras escuelas de pensamiento cuya investigación y análisis son más empíricos, y no tan vinculados al pesimismo cultural de Adorno, Horkheimer o Habermas, como los Estudios Culturales en el Reino Unido que llegan a similares conclusiones, encontrando que la llamada clase obrera no es sólo socialmente indolente o pasiva sino que está cegada por la industria de la cultura y sus medios de distribución, que fabrican una cultura de masas con su exceso de imágenes, de emoción, de hedonismo y de ilusión. Es la “industria de la conciencia” o lo que Gramsci llamó “hegemonía cultural”. La gente tiene hoy una gran capacidad de autoengaño ya que conscientemente niegan el concepto de dominación de clase, simulando vivir una vida digna, realzada por un sinnúmero de comodidades ofrecidas por la llamada cultura popular. La libertad se ha convertido en sinónimo de la capacidad de consumir. Es precisamente aquí que la narrativa de clase de Marx exige un addendum existencialista, una filosofía que avance en el principio de autenticidad, con el fin de completar nuestra comprensión del lugar que ocupa el ser humano en el mundo”.

Sócrates Brasileiro Sampaio de Souza Vieira de Oliveira

Yukio Mishima dijo: “¿Cómo es posible llamar hombre de acción a quien por su trabajo de presidente en una empresa hace ciento veinte llamadas telefónicas diarias para adelantarse a la competencia? ¿Y es tal vez un hombre de acción el que recibe elogios porque aumenta las ganancias de su sociedad viajando a países subdesarrollados y estafando a sus habitantes? Por lo general, son estos vulgares despojos sociales los que reciben el apelativo de hombres de acción en nuestro tiempo”.

Estas palabras me han vuelto a la mente después de la reciente reunión del presidente del Gobierno de España (Rajoy) con nuestros queridos “hombres de acción”. Estos prohombres conforman un poderoso lobby llamado “Consejo Empresarial para la Competitividad (CEC)” que agrupa a las 18 mayores empresas con sede en España y representan aproximadamente la tercera parte del PIB español. Recordemos que la “competitividad” consiste en la pérdida de derechos sociales, laborales y sindicales básicamente a través de contratos precarios, aumentos del tiempo de trabajo y bajadas salariales.

Y me refiero a “hombres” porque, aunque en el fondo planee casi siempre la figura de nuestra cancillera Frau Merkel, tal y como se ve en la foto todos son pingüinoides, cosa que no es de extrañar cuando se trata del poder duro o económico. En España, tan sólo el 10% del total de asientos en los consejos de administración de las empresas cotizadas son ocupados por mujeres, techo de cristal que, por lo visto, no está previsto romperse en el CEC.

CompetitividadHombresdeaccionMishimaFoto CEC. Botella medio vacía azul manganeso, traje oscuro y pijama de lino.

Aunque el anfitrión de los antiguos convites del castizo, zombi y vampírico capitalismo de amiguetes es el arrimadizo cuarto ser superior por la derecha (Pérez, en el palco del Bernabéu) y el jefe de la tribu es el señor de la corbata roja (Botín), el presidente de este entrañable cenáculo de jóvenes castores es el señor con corbata azul que aparece en la foto a la diestra del otro señor que preside el retrato (de Borbón y Borbón-Dos Sicilias); éste es el presidente de Telefónica (Alierta), antaño conocido por embolsarse 1.860.000 euros con el abuso de información privilegiada y el posterior tráfico de acciones en bolsa de la compañía pública que presidía (Tabacalera) en los momentos previos a su privatización; sin embargo, estos hechos delictivos, aunque probados judicialmente, resultaron finalmente prescritos por lo que no es de extrañar verlo ahí posando tan sonriente.

Uno de los objetos de este selecto club de las élites extractivas patrias consiste en controlar al gobierno para dicte las leyes conforme a sus intereses corporativos. Así, el mantenimiento de sus privilegios fiscales o las agresiones contra el pueblo como la reforma ”laboral”, la “externalización” de los servicios públicos, el “factor de sostenibilidad” de las pensiones o cualquier otra medida que mantenga el “impulso reformista” son promocionadas por estos “hombres de acción” que los hacen llegar en forma de “sugerencias” y “documentos técnicos” a un consejo de ministros adepto y entregado para que éstos aprueben su oportuna inserción en el BOE.

Karl Marx observaba acertadamente que las fuentes del derecho parten de la voluntad de las clases dominantes y otro ejemplo de esto, quizá el más impune y descarado, ha sido que el CEC ha conseguido que el Gobierno vaya a modificar la ley para que delincuentes condenados puedan dirigir las entidades financieras conforme les venga en gana, reduciendo los requisitos de buenas prácticas bancarias iniciales a que el delito del banquero sea firme penalmente y, de este modo, que estos plutócratas no pierdan su tiempo en molestos recursos, prescripciones o indultos, como el del consejero delegado del Banco Santander (Sáenz), indultado bochornosamente en el último consejo de ministros de Zapatero. Continuará.

Emmeline Pankhurst

Hoy el mundo habla por sí solo: con su notoria decadencia está anunciando su disolución. Desaparecen los labradores del campo, el comercio del mar y los soldados de los campamentos; ya no hay honradez en los negocios, justicia en los tribunales, solidaridad entre los amigos, habilidad en los oficios, normas en la moral. Todo está esfumándose.”

El párrafo anterior podría referirse a hoy-hoy pero, según relata E. R. Dodds en su apasionante libro “Paganos y cristianos en una época de angustia”, fue escrito en la obra “Ad Demetrianum” por Tascio Cecilio Cipriano (c. 200–258), cristiano converso, obispo de Cartago y santo mártir de la Iglesia, en plena crisis global del siglo III debido al primer gran colapso del Imperio romano que se prolongó durante 50 años debido a la crisis política, económica, financiera, administrativa, social y moral (corrupción). Observemos inquietantes el eterno retorno de lo similar: qué poco ha cambiado el mundo desde entonces; después de todo, qué poco parece que hemos aprendido.

Y, ¿hacia dónde vamos? No lo sé bien, el caso es que, mientras el mundo se derrumba poco a poco, anteayer he paseado sólo por Madrid bajo la lluvia, sin rumbo fijo, con la mirada perdida, pensando y repensando, hasta toparme con la masa en una declinante procesión ni atea ni matea (a la que tomé por una manifestación pro-Mourinho) y las palabras de Luis Martín-Santos, nítidas, volvieron a mi cabeza: “hay ciudades tan descabaladas, tan faltas de sustancia histórica, tan traídas y llevadas por gobernantes arbitrarios, tan caprichosamente edificadas en desiertos, tan parcamente pobladas por una continuidad aprehensible de familias…”.

El poeta serbio-americano Dušan-Charles Simić también nos habla de las costuras íntimas de nuestro mundo:

“She’s pressing me gently with a hot steam iron, or she slips her hand inside me as if I were a sock that needed mending. The thread she uses is like the trickle of my blood, but the needle’s sharpness is all her own. “You will ruin your eyes, Henrietta, in such bad light”, her mother warns. And she’s right! Never since the beginning of the world has there been so little light. Our winter afternoons have been known at times to last a hundred years.”

“Ella me aplana cuidadosamente con una plancha de vapor, o desliza su mano dentro de mí como si yo fuera un calcetín que necesita remendarse. El hilo que utiliza es como el goteo de mi sangre, pero lo punzante de la aguja es todo suyo. “Te vas a estropear la vista, Enriqueta, con esa luz tan pobre”, le advierte su madre. ¡Y está en lo cierto! Nunca desde los inicios del mundo ha habido tan poca luz. De nuestras tardes de invierno se ha comentado a veces que duran cien años.”

España se está descosiendo, vamos camino del estado fallido, de la mano de un sistema capitalista agotado, incapaz de proporcionar prosperidad, democracia o simplemente respuestas. Un estado fallido es un estado que, si bien puede ser, al menos, formalmente soberano ha fallado en la garantía de provisión de sus servicios públicos básicos y en la atención de los problemas básicos de sus ciudadanos ya sea porque sus actores institucionales se ofusquen con la corrupción, el oportunismo, el cortoplacismo, el gregarismo, la injusticia, la codicia, la mentira, el fraude, la ineptitud, la ignorancia, la mediocridad, la dejación, la incontinencia, la acedia, la aflicción, la imprudencia, la malignidad, el poco espíritu de servicio público o bien por la quiebra de la colectividad, el mal diseño institucional, las continuidades autoritarias o franquistas al servicio de las élites reaccionarias, los medios de comunicación y académicos al servicio de la oligarquía económica y financiera y sus falsos paradigmas neoliberales (estado mínimo, mercados autorregulados, financiarización de la economía, desregulación, privatización, predominio de la economía sobre la política, la falsa antropología del “homo economicus”, la sociedad no existe, etc.) u otra penosa circunstancia o una combinación de ellas. En España hoy en día están cuestionadas casi todas las instituciones en diferentes grados ya sea ésta la Monarquía, Jefatura del estado, Poder legislativo, ejecutivo, judicial, Presidencia del Gobierno, Diputados y senadores, Europarlamentarios, Tribunal constitucional, Consejo del poder judicial, Banco de España, Tribunal de cuentas, Comisión Nacional de la Competencia, Reguladores varios, Ex–cajas de ahorro, Partidos políticos, Sindicatos, Organizaciones empresariales, Fuerzas armadas, Comunidades autónomas, Diputaciones, Ayuntamientos, delegaciones del gobierno, etc. por no hablar de la Iglesia, los bancos, las multinacionales, las empresas, los clubs financieros, de golf o de fútbol, etc. Cualquiera puede elegir los ejemplos que tenga más a mano y empezar a deprimirse.

Y Europa y sus instituciones antidemocráticas al servicio de la plutocracia internacional, los bancos y los paraísos fiscales bajo el actual paradigma austericida no parece ser la solución sino el problema, ya que incluso se ha llegado a utilizar a los propios ciudadanos de determinados países como sujetos de experimentación de ingeniería social; quizá regresen los espejos deformantes, quizá la sangre, los ángeles de Mons o la guerra silenciosa o si, como dijo Marx, la historia que nos apareció aquella vez como tragedia vuelva a hacerlo de nuevo como farsa.

Este demoledor poema se titula “Crecida” y es de uno de los mejores poetas españoles, Blas de Otero:

“Con la sangre hasta la cintura, algunas veces  /  con la sangre hasta el borde de la boca,  /  voy  /  avanzando  /  lentamente, con la sangre hasta el borde de los labios  /  algunas veces,  /  voy  /  avanzando sobre este viejo suelo, sobre  /  la tierra hundida en sangre,  /  voy  /  avanzando lentamente, hundiendo los brazos  /  en sangre,  /  algunas  /  veces tragando sangre,  /  voy sobre Europa  /  como en la proa de un barco desmantelado  /  que hace sangre,  /  voy  /  mirando, algunas veces,  /  al cielo  /  bajo,  /  que refleja  /  la luz de la sangre roja derramada,  /  avanzo  /  muy  /  penosamente, hundidos los brazos en espesa  /  sangre,  /  es  /  como una esperma roja represada,  /  mis pies  /  pisan sangre de hombres vivos  /  muertos,  /  cortados de repente, heridos súbitos,  /  niños  /  con el pequeño corazón volcado, voy  /  sumido en sangre  /  salida,  /  algunas veces  /  sube hasta los ojos y no me deja ver,  /  no  /  veo más que sangre,  /  siempre  /  sangre,  /  sobre Europa no hay más que  /  sangre.  /  Traigo una rosa en sangre entre las manos  /  ensangrentadas. Porque es que no hay más  /  que sangre,  /  y una horrorosa sed  /  dando gritos en medio de la sangre.”

Leo que Plúmbico dijo: “para repensar el mundo que nos rodea el primer paso debería consistir en desmontar el aparataje y los supuestos ideológicos, económicos, antropológicos, sociológicos, epistemológicos, ontológicos, axiológicos, éticos, etc. del llamado neoliberalismo en particular y del capitalismo en general, o de la falta de ellos en el caso de la llamada posmodernidad, que no sería otra cosa que una coartada intelectual para la agenda neoliberal o una especie glamurosa de nihilismo metodológico y moral. Esto incluiría también la denuncia de la economía y la sociología como ciencias sociales positivas y neutralmente valorativas o la puesta en cuestión de hasta qué punto sus razonamientos inductivos tienen justificación práctica.” Considero que una idea clave para reflexionar consiste en la idea de “progreso indefinido”, probable o seguramente falsa bajo el actual paradigma economicista, que es propia del pensamiento occidental, de la modernidad y la Ilustración. Quizá el escrito más apasionado acerca de la idea de “progreso” sea el “Esbozo para un cuadro histórico de los progresos del espíritu humano” escrito por el filósofo, enciclopedista, científico, matemático, historiador, pedagogo, politólogo y político Condorcet en 1794, paradójicamente escrita cuando se encontraba huido del Terror y escondido y recluido en una habitación durante meses porque sabía que lo estaban buscando los radicales jacobinos con feas intenciones. Pues bien, justo después de salir de su escondite y pisar la calle Condorcet fue delatado por el populacho y encarcelado por las autoridades suicidándose dos días después; fue enterrado en una fosa común y su cadáver nunca se encontró. No hay epitafio para el picardo. Como se puede comprender fácilmente, esta anécdota escatológica refleja como ninguna otra el espíritu humano progresando.