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Lo que sorprende no es que nuestros enemigos sean malos sino que nuestros amigos son peores. Y es que no hacen falta muchos enemigos con estos amigos: los neonazis en Ucrania y los terroristas islámicos en Siria.

AMIGOS PARA SIEMPRE BEING YOUR ALWAYS BE MY FRIEND

UCRANIA. Las noticias de los medios de comunicación nos iluminaron desde principios de año: “cientos de miles de indignados proeuropeos reactivan las esperanzas de libertad de la revolución naranja y se manifiestan en Kiev para pedir al gobierno pro-ruso de Yanukóvich que deje de arrodillarse ante el Kremlin” o “la revolución ucraniana es otro florecimiento de la democracia, un golpe al autoritarismo y la cleptocracia en el antiguo espacio soviético”.

LpedeudaAmigosNazisUcraniaY es que nosotros, los occidentales, que hemos redescubierto recientemente en Egipto el término “golpe de estado democrático”, hemos apoyado financiera y mediáticamente el Golpe de Estado neonazi, antisemita y rusófobo en Ucrania y hemos ensalzado al Svoboda o Unión Panucraniana “Libertad” (partido político de extrema derecha antisemita), al Pravy Sektor (organización paramilitar neonazi), al Batallón Azov (curiosamente patrocinado por el multimillonario ucraniano Ígor Kolomóiski de origen judío) o al Spilna Sprava a través del llamado “Euromaidán” o “EuroMaidan”, al que incluso concedimos el (semi)prestigioso premio Lech Walesa dedicado a “todos aquellos que luchan por el entendimiento, la cooperación y la solidaridad entre los pueblos, en el nombre de la libertad“; sí, aunque parezca una broma pesada, el premio fue concedido al EuroMaidan y no al mítico grupo británico Iron Maiden.

Esta situación parece ser el reflejo del descontrol de la planificación de las llamadas “revoluciones de colores” que son operaciones de desestabilización mediante “acciones no violentas” para “democratizar” a los antiguos países del bloque soviético (en una mezcla de ideas de los filósofos Gene Sharp y Leo Strauss); de este modo, al igual que en “Reservoir Dogs” (Quentin Tarantino, 1992) se repartieron los colores: a Ucrania le tocó el naranja en el año 2004, el amarillo a Kirgizistán en 2005, el rosa fue a parar a Georgia en 2003, el color blanco está esperando a los “activistas” de Bielorrusia, etc.

La “primavera nazi” en Ucrania ha contado con entusiastas apoyos en occidente como el del senador de EE.UU. John McCain o el hijo del actual vicepresidente de EE.UU. Hunter Biden, ambos ejerciendo de comerciales de los multimillonarios ucranianos y las multinacionales anglosajonas con intereses en la zona. Otras claves de este conflicto parecen ser el acercamiento del sistema de defensa antimisiles de la OTAN hacia la frontera de Rusia, el control de los recursos naturales y nucleares, la privatización y el negocio para los contratistas militares privados mediante la proliferación de los conflictos armados y el recelo del poder de un país supuestamente aliado como Rusia pero que todavía es percibido como si de la Unión Soviética se tratase.

SOY REBELDE PORQUE EL MUNDO ME HA HECHO ASÍ

SIRIA. Todo comienza con una de las manipulaciones mediáticas más chusqueras que se recuerdan. Nuestros amigos en este conflicto eran (son) los islamistas que luchaban (luchan) generosamente en Siria contra el tirano Al-Asad, un tipo que quería juntarse más con China y Rusia (el refuerzo de la base naval rusa de Tartus o el proyecto de gaseoducto que no pasaría por Israel) que con nosotros y, por tanto, queríamos darle una lección como a Saddam Hussein cuando amenazó con dejarse querer más por el euro que por el dólar.

Gran parte de los medios de comunicación denominaron a los fanatizados yihadistas como “opositores sirios”, “activistas”, “rebeldes”, “insurgentes”, “combatientes por la libertad”, “luchadores por la democracia”, etc. incluyéndoles en el pack de los buenos mientras los gobiernos de Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Israel, Arabia Saudita, Kuwait, los Emiratos Árabes Unidos o Catar les apoyaban directa o indirectamente. Por ejemplo, en España el think tank neocon Grupo de Estudios Estratégicos (GEES), organización de “expertos” que defiende desde Europa los intereses de EE.UU. e Israel, decía no hace mucho sobre Siria:

  • LpedeudaAmigosSiriaNeuralgiaEl carácter despótico y criminal del régimen de Assad, su carácter de dinamizador del terrorismo y de desestabilizador de Líbano, o su dependencia de Irán, lo hacen digno de ser combatido.” “Sería conveniente detener las masacres fomentando el advenimiento de la democracia liberal en los pueblos islámicos. Habría que estar dispuestos a intervenir y permanecer implicados hasta que las transiciones estén consagradas.” “Armamento ligero y su correspondiente munición, a todas luces insuficiente para frenar la potente ofensiva del Ejército sirio, los asesores militares iraníes y los luchadores de Hezbola, todos ellos con el apoyo armamentístico y diplomático de Rusia. Los opositores necesitan, desesperadamente, armas antitanque y antiaéreas.

Esta broma escrita sí que es buena: “fomentar el advenimiento de la democracia liberal en los pueblos islámicos”. Lo mismito que hicimos en Afganistán al invadirlo humanitariamente con el principal objetivo de enseñar a los grupos tribales del Hindukush “El espíritu de las leyes” de Montesquieu y la separación de poderes ejecutivo, legislativo y judicial. La libertad y la democracia en Oriente Medio siempre han importado un pito y no han pasado de ser un mero mcguffin para las potencias occidentales, que incluso han frenado en muchas ocasiones las pretensiones modernizadoras de una minoría de árabes, turcos o iraníes.

La tragedia es que nuestros amigos islamistas, a los que habíamos armado y entrenado profusamente, entraron en combate en la vecina Irak, se organizaron, se transformaron en muyahidines de estricta obediencia e incluso autoproclamaron un Estado anulando las actuales fronteras nacionales trazadas con escuadra y cartabón por las potencias colonialistas para fomentar la división de la zona en micro-estados dependientes de sus intereses; este Ente se denominó Estado Islámico en Irak, luego Estado Islámico en Irak y Siria, más tarde Estado Islámico de Irak y el Levante y, por último Estado Islámico a secas (EI); próximamente se llamará Estado Islámico Universal con capital en Raqqa (Siria) o Aldebarán City (Planeta Alderaan). Parece que al final sí había un “arma de destrucción masiva” en Irak: “el nuevo orden mundial” salido de los laboratorios neocons anglosajones de la “guerra contra el terror”.

También nombraron un “califa” de todos los musulmanes, el joven pero sobradamente iluminado Abū Bakr Al-Bagdadi, se hicieron con los pozos de petróleo, comenzaron las matanzas de sunitas, chiíes, kurdos, ismaelitas, yazidíes, drusos, turcomanos, mandeos, cristianos católicos, ortodoxos, maronitas, melquitas, la destrucción del patrimonio cultural, empezaron a rebanar cuellos y cortar cabezas por lo que comenzamos a recelar y hasta nos enteramos que su antecesor el llamado Al Qaeda, con el que EI pugna por el monopolio del delirio religioso pre-ilustrado, se mostró horrorizado con la barbarie y los pinchos morunos del califato en pleno mes de ramadán (bueno hablamos como si estas entidades mesiánicas tuvieran realmente portavoces oficiales). Por tanto, ahora han perdido algo de estatus amiguil: son nuestros amigos en Siria y nuestros enemigos en Irak.

Pero no se puede pasar de ser unos jóvenes idealistas luchadores por la democracia a ser los nuevos jenízaros del siglo XXI sin solución de continuidad, esto no es “Amanecer rojo” (John Milius, 1984). Efectivamente, la mayoría de los líderes del EI pasaron por la prisión estadounidense de Camp Bucca en Umm Qasr (Irak) incluyendo al autoproclamado “califa”; todos se reintegraron profesionalmente al combate armado y a labores de propaganda mediante un hábil manejo de las nuevas tecnologías, de las agencias de noticias y del escaparatismo rotulado de fondo abierto justo después de pasar por dicha prisión-academia de terroristas y, además, parece ser que los caídos posteriormente lo fueron a manos de otros musulmanes, no por ataques “selectivos” estadounidenses.

LpedeudaAmigosRotoArmaDefinitivaPero ahora EE.UU. (esto es, nosotros, ya que Europa no pinta nada) ha convenido una vuelta en su estrategia y ha descubierto el arma definitiva para nuestros males: una coalición internacional para combatir al Estado Islámico (EI), lo que, por otra parte, supone todo un avance desde que declarase la guerra a un solo individuo (contra bin Laden, el Fu Man Chu de la geopolítica). No obstante, esta alianza podría ser una pantomima ya que a EE.UU. podría no interesarle eliminar completamente el punch del EI (cosa que está a su alcance, aunque apenas represente una amenaza seria en suelo estadounidense) ya que el EI proporciona la suficiente inestabilidad a los países en Oriente Medio para que se vieran necesitados de ayuda militar estadounidense futura, supone una oportunidad para globalizar el miedo, un gran negocio para los contratistas militares privados estadounidenses y una escusa perfecta para invadir países (como podría ser Siria). A esta coalición se han adherido algunos países, pero todos ellos anteponiendo sus propios intereses a un supuesto e imposible “objetivo común”. Por ejemplo:

  • Turquía apoya la coalición a pesar de que el EI no le supone una amenaza directa, de hecho Turquía les ha estado ofreciendo bases de retaguardia para combatir a las milicias kurdas y hace la vista gorda con el paso por su territorio del petróleo que ya está vendiendo el EI en el mercado negro y de los fanatizados aspirantes a yihadistas extranjeros ávidos de alfalfa espiritual y kalashnikovs. El problema es que EE.UU. ha decidido ahora (medio)apoyar a los kurdos por su mejor organización militar sobre el terreno (y quizá por contar con muchas mujeres entre sus peshmergas, ya que los yihadistas de EI creen que morir en la guerra santa les garantiza el Paraíso, salvo si quien les mata es una mujer) y Turquía ha tenido que tragar con la condición de que EE.UU. no excluya al Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) de su estrámbotica lista de “organizaciones terroristas”.
  • Los Estados del Golfo Pérsico, con Arabia Saudita a la cabeza, que probablemente se pusieron tifos a armar financiera e ideológicamente al EI, ahora se suman a la coalición anti-EI por considerar poco decorosos los actos bélico-religiosos de los muchachos. Hasta han mandado la foto de uno de sus rapaces, el príncipe bin Salman, en su avión de combate. Sin embargo, estos países quizá prefieran a sus propios fanatizados del Frente al Nusra en Siria, algo más respetuosos con las fetuas y los hadices del clero islámico wahhabita y con el estacionamiento de tanques pesados en doble fila.
  • Irán, que apoya al Gobierno de Irak en su lucha contra el EI, no está en la coalición formalmente pero colabora de tapadillo con EE.UU., aunque oficialmente no lo puedan reconocer (recientemente operativos iraníes de la Quds Force han sido apoyados por la aviación estadounidense), a pesar de que EE.UU. sigue manteniendo sanciones al petróleo iraní e Irán sigue perteneciendo al “ojete del mal”, al estar incluido en la enloquecida lista estadounidense de “países que patrocinan el terrorismo” junto con Cuba o Corea del Norte entre otros. Con Siria sucede algo parecido, no mantienen relaciones diplomáticas pero sus servicios de inteligencia trabajan coordinados en algunas operaciones ya que el gobierno de Al-Asad ha dejado autopistas a los drones estadounidenses para bombardear la infraestructura petrolífera del EI en el norte de Siria (y cualquier otra cosa de paso haya o no haya “víctimas colaterales”), lo que ha cogido a pie cambiado a los analistas neocon de la prensa y a algunos bacaladeros interesados en el tema.

De estos conflictos poco podremos saber y mucho sospechar, quedémonos pues en este bonito avispero que es hoy el mundo con nuestros amigos-enemigos y con nuestros enemigos-amigos.

Érebo

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Se despertó con los primeros rayos del sol. Miró el reloj, eran las 4:30 de la mañana. Hizo la cama con más voluntad que acierto, y acto seguido, se apoyó en la misma para hacer unas cuantas flexiones a pesar de encontrase algo mayor y cansado por el viaje. Una hora después, llamaron a la puerta, una mujer entró y le dijo: “no tenía usted que haber hecho la cama, no señor Mandela”.

Cuenta John Carlin en su interesante y apasionado libro “Playing the enemy” (“El factor humano”, sobre la que se hizo la película “Invictus” de Clint Eastwood) que Mandela ni cuando estaba en un Hotel de lujo ni invitado en casa ajena ni siquiera en Buckingham Palace rompía con los rituales establecidos durante sus 27 años de prisión, tiempo más que suficiente para que cualquier persona acabe institucionalizada.

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Nelson Rolihlahla Mandela (1918-2013) es un político clave en la historia de Sudáfrica junto a otros agrupados en torno al Congreso Nacional Africano (ANC) que conformaban el propio ANC, el SACP (Partido Comunista Sudafricano) y el COSATU (Congreso de Sindicatos de Sudáfrica) como Albert Lutuli (1898-1967) premio Nobel de la Paz 30 años antes que Mandela, Walter Sisulu (1912-2003) también condenado en el juicio de Rivonia y encarcelado en la isla de Robben hasta 1989, Anton Lembede (1913-1947) del que se inspirase el propio Patrice Lumumba (único Primer Ministro democrático congolés del siglo XX hasta que fue asesinado por la CIA), Oliver Tambo (1917-1993) que pasó 30 años exiliado, Joe Slovo (1926-1995), 27 años exiliado, o Stephen Biko (1946-1977) encarcelado bajo la Ley Antiterrorista, torturado y asesinado por el terrorismo de estado.

Mandela es un gigante político en comparación con los políticos del momento (desde el más importante, el Nobel Obama, al más irrelevante, Rajoy) que no paran de citarle como ejemplo y fuente de inspiración personal. Los niños, los apolíticos de derechas y los bacaladeros deberían conocer que, efectivamente, Mandela estuvo ni más ni menos que 27 años encarcelado por defender causas que hoy serían evidentes, lo que supone el 35% de su vida adulta. Fue el prisionero 466/64 en la isla Robben a 12 km de Ciudad del Cabo, en penosas condiciones durante 18 años, después estuvo nueve años más en la cárcel de Pollsmoor (junto a Walter Sisulu) y en otras prisiones para facilitar el mantenimiento de discretos contactos con el gobierno sudafricano cuando el régimen se descomponía. Pero en lugar de debilitarle la falta de libertad, Mandela tuvo la inteligencia para fortalecerse en prisión, estudió la historia, cultura y lengua de sus adversarios afrikáners, meditó críticamente sobre la lucha armada, el papel futuro del ANC y las vías de la reconciliación, comprendió que cuando uno está capacitado para hacer justicia le hace mas fuerte el perdón que la venganza e incluso se doctoró en Derecho por correspondencia en la Universidad de Londres (y al parecer se le impidió llegar al rectorado, colocando hábilmente en su lugar a la Dama del Cardo y posterior presidenta de la Federación Ecuestre Internacional, la princesa Ana del Reino Unido).

Mandela era listo e inteligente como el que más, cuando comenzó a cobrar más protagonismo, a través de su propia imagen estaba “vendiendo” al mundo una Sudáfrica moderna que la mayoría de los gobiernos y multinacionales occidentales estaban deseosos de poder “comprar” para expiar su culpa por haber mirado para otro lado en tiempos de la Sudáfrica racista, esto es, haber puesto paños calientes a un régimen de apartheid (que significa “separación“) basado en un violento sistema institucional de discriminación y segregación racial de los blancos contra los no blancos que duró desde el año 1949 hasta 1994.

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Durante el régimen racista de Sudáfrica 50.000 agricultores blancos poseían el 92% de la tierra, mientras que el 8% restante quedaba para 14.000.000 de depauperados agricultores negros y sus familias. De ese modo, el apartheid también tuvo su reflejo en las leyes (que, como apuntaba Marx, siempre son expresión de las clases dominantes) como la Ley de Prohibición de Matrimonios Mixtos (1949), la Ley de Registro de Población (1950) por la que había una “Junta de clasificación de razas” a la que se podía acudir para solicitar de qué raza a qué raza se quería uno pasar (a saber, de mayor a menor ilotismo: negros, indios, mestizos y después, claro, blancos), la Ley de Supresión del Comunismo (1950) por la cual casi cualquier oposición, además del SACP, se consideraba comunista tal y como se le calificó a Mandela como joven dirigente del ANC, la Ley de Áreas de Grupo (1950) que creaba guetos, la Ley de Servicios Públicos Separados (1953) con sus infaustos letreros “sólo para blancos“, la Ley del Trabajo de Nativos (1953) por la que se prohibió la huelga a los trabajadores negros, la Ley de Nativos (1956) que imposibilitaba a los negros acudir a la justicia por desalojos de sus viviendas, la Ley de Promoción de Autogobierno Bantú (1959) que prohibió presentarse al parlamento a los negros; la Ley de Extensión de Educación Universitaria (1959) que prohibió el acceso de los negros a las universidades reservadas para blancos, la Ley Anti-Terrorista (1967) que posibilitaba la detención indefinida sin tutela judicial y la tortura como método policial, etc. En el juicio de Rivonia, que condenó a Mandela a cadena perpetua por casi 200 actos de sabotaje en 1964, Mandela dijo lo siguiente: “hay dos maneras de salir de la pobreza: la primera es mediante el acceso a la educación reglada y la segunda la formación laboral del trabajador y por consiguiente un salario más alto; en lo que respecta a los africanos [negros] ambas posibilidades se ven deliberadamente reducidas por la legislación”.

En España nunca supimos gran cosa de Sudáfrica, en los ochenta veíamos recurrentemente por el televisor las manifestaciones de protesta de los negros como algo muy distante, la matanza de Soweto (1976) con casi 600 muertos ya quedaba lejos aunque la canción del interesante grupo punk TDeK titulada “Carne picada” (1986) ya nos decía a los televidentes: “Sudáfrica está al rojo, que felicidad, se han cargado a quince negros… nena pasa el pan… una vez puesto el reclamo ya te pueden anunciar… la basura para audiencias que alimenta la publicidad”. Posteriormente hemos sabido más de Sudáfrica por el Mundial de fútbol de 2010, una de las pocas alegrías inocentes del sufrido pueblo español ya que la Copa del Mundo la ganó un equipo parcialmente africano (España) a otro parcialmente afrikáner (Países Bajos). Hubiese sido una desgracia para muchos sudafricanos que en el minuto 82 de la final el portero del seleccionado español (Casillas) no hubiera parado el mano a mano con el delantero holandés (Robben) ya que no se hubiera producido el gol de la victoria de los muchachos de Del Bosque en el minuto 116 (Iniesta); además la conexión de ideas hubiese resultado desagradable para el propio Mandela: Isla de Robben-Gol de Robben. Estas anécdotas son las que más emocionan al gran estadista en el que se ha convertido el Presidente del gobierno de España (Rajoy) que ha comentado a los periodistas sus apasionantes impresiones sobre el funeral de Mandela: “es un momento muy bonito porque es el estadio en el que España ganó el Mundial”.

MandelaAlborotadorVive5Bueno, el funeral de Mandela ha sido un momento muy bonito, casi futbolístico; parece que la mayoría de los medios de comunicación han seguido esta misma línea simplona. La muerte de Mandela ha sido tratada en los medios occidentales como si el personaje fuese una mezcla de Michael Jackson, Lady Di y el Papa; se puede decir que ha muerto posmodernamente en mediático olor de santidad pop. La mayoría de los medios han mostrado a un Mandela bonachón, anciano e inofensivo, como si nunca hubiese leído a Marx, hubiese adquirido su conciencia política y de clase por ciencia infusa y hubiese estado en la cárcel de paso. En España algunos medios derechistas han sido más atrevidos ya que han recordado su pasado de inspiración y compromiso socialista aunque hayan tenido que bloquear los comentarios en sus ediciones digitales por los insultos racistas que dedicaban al personaje sus educados y cristianos lectores; por ejemplo, uno de ellos, más moderado, probablemente un troll, no se quejaba de que Mandela tuviera su propio día en la ONU (“Día Internacional de Nelson Mandela”) sino que éste fuera precisamente el 18 de julio, el dína del “glorioso alzamiento de la cruzada nacional en España”, y es que Mandela, al no ser de Bilbao, no pudo haber nacido cuando y donde quiso.

En realidad lo que se le reconoce a Mandela es no haber sido vengativo contra las élites blancas represoras y el mantenimiento del poder económico básicamente en las mismas manos del apartheid; por ejemplo, el programa del ANC abandonó su objetivo de nacionalizar la riqueza minera del país con fines redistributivos o que casi todos los mandos policiales de la era apartheid continuaran en sus puestos durante el paso de la dictadura a la democracia, que allí no se conoce como “la transición” como en España sino como “el proceso”.

Este mantenimiento del status quo verdadero (el control de los medios de producción por la antigua élite sudafricana y multinacional) ha favorecido el travestismo de muchos medios de comunicación, políticos, empresarios, etc. que se han sumado a la corriente de las loas a Mandela de manera sobrevenida y tardía. Es el caso de muchos think tanks neocons como el estadounidense Fundación Heritage que pasó del “Nelson Mandela no es un luchador por la libertad, ha apoyado el terrorismo” (1990) al “Nelson Mandela fue un símbolo de compasión e igualdad” (2013).

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Del mismo modo, hasta hace poco Mandela era un terrorista convencido, un comunista de estricta obediencia y un racista contra los blancos para los ídolos del neoliberalismo como Margaret Thatcher (que mientras se oponía a las sanciones impuestas por la ONU y la UE a la Sudáfrica racista de P. W. Botha, al que invitó a visitar el Reino Unido, apoyaba a los Jemeres Rojos de Pol Pot o consideraba a Pinochet un benefactor de la humanidad) y Ronald Reagan (que en 1986, apoyó a los 180 congresistas que votaron en contra de la resolución de la ONU tras la campaña internacional que inició Tambo para apoyar la liberación de Mandela). Ya en 1990 ninguna institución oficial de Florida recibió a Mandela porque sostenían que no había renegado de su amistad con Fidel Castro (y como podría hacerlo si los países que siempre apoyaron la causa del ANC fueron del ojete del mal: Cuba, URSS, Libia, Angola, Palestina, etc.), de este modo, el gobierno de EE.UU. mantuvo a Mandela en una lista de terroristas internacionales hasta el año 2008, bastante después de su retirada de la política y de recibir el Premio Nobel de la Paz junto al reformado Frederik de Klerk.

Pero Mandela no era tal y como lo veían Botha, Thatcher y Reagan, sino que era tal y como lo veía su pueblo. En el año 1985 en las negociaciones informales con el gobierno sudafricano (a través del ministro Kobie Coetsee) Mandela se negó a canjear el cese de la lucha armada (estrategia que ya estaba decidida) por su libertad condicional o a participar en el descabezamiento del Partido Comunista (SACP), “no voy a deshacerme ahora de socios leales que han estado con el ANC a lo largo de toda la lucha” dijo. Y sabía de lo que hablaba, Mandela era muy amigo del dirigente comunista del SACP Joe Slovo pero si hubiese triunfado la fallida operación para asesinarle (orquestada por el servicio secreto Sudafricano a través del montaje de un intento de fuga en 1969) el “nuevo Mandela” podría haber sido el muy popular Chris Hani, comunista y líder del SACP y jefe del pomposamente llamado Umkhonto we Sizwe, brazo armado del ANC surgido tras la masacre de Sharpville en 1960 donde la Policía mató a 69 manifestantes, detuvo a 12.000 personas e ilegalizó el ANC (el propio Mandela, militante del Umkhonto we Sizwe, pasó a la clandestinidad hasta que fue detenido por el servicio secreto sudafricano en colaboración con la CIA). Pero aunque Chris Hani respaldó siempre a Mandela en las negociaciones, el abandono de la lucha armada y las posibilidades de reconciliación, fue asesinado en 1993 por un ultraderechista casi analfabeto llamado Janusz Waluś en una época de gran tensión política que estuvo por dar al traste el ascenso a la presidencia de Mandela.

Y a pesar de todo finalmente Mandela legó a ser presidente de Sudáfrica (1994-1999) con el 62% de los votos en las primeras elecciones multirraciales por la lista del ANC (la organización terrorista para los thatcherianos y los reaganianos). Desde entonces Sudáfrica ha desterrado el apartheid y ha mejorado algunas otras cosas; por ejemplo, el grupo paramilitar racista Afrikaner Weerstandsbeweging (AWB) creado por Terre’Blanche (hasta su iluminación y posterior asesinato a machetazos por dos de sus empleados), los llamados “bitter enders” (antiguos bittereinders) y demás basura neonazi o el ultraderechista partido político zulú Inkatha fundado por el colaboracionista Buthelezi (combatió a la disidencia Zulú y al ANC a cambio de reinar sobre un pequeño y pobre feudo financiado por el gobierno del apartheid) son ya muy residuales.

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Sin embargo, Sudáfrica todavía tiene muchos problemas (como todas las democracias partiticráticas que nos hemos dado). Es el país industrializado más desigual del mundo (0,65 de índice de Gini; por ejemplo, España, el segundo país más desigual de la UE tiene un índice de Gini del 0,35), el índice de corrupción es elevado, la criminalidad sigue disparada (especialmente contra las mujeres, hasta el propio Oscar Pistorius, el gran atleta olímpico y paralímpico otrora ídolo nacional, ha sido acusado de asesinar a su novia), la tasa de desempleo es muy alta (40% los negros, 28% los mestizos, 16% los indios y 7% los blancos) y la policía sigue reprimiendo a los que reclaman mejoras laborales (la masacre de las minas de Lonmin plc en 2012 se saldó con 34 mineros muertos a balazos por la policía); incluso el más conocido de los escritores sudafricanos (J. M. Coetzee) nos habla del fatalismo de una Sudáfrica donde todavía sigue muy presente la desgracia.

Nelson Rolihlahla MANDELA ha muerto el pasado 5 de diciembre, justo 222 años después del fallecimiento de Mozart. Rolihlahla, en xhosa, en el lenguaje de su etnia, significa algo así como “alborotador”.

Tristramshander