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Nuestro régimen electoral de bipartido único, amigos míos, hasta el momento tan eficiente, empieza a dar muestras de debilidad, y esto no es que quite el sueño a nuestros sabios dirigentes que velan por nuestro bienestar, pero algo preocupa.

No podrán negar los acólitos de la Escuela de Chicago que miran con cierta envidia a los chinos o a los pérfidos norcoreanos funcionar sin pamplinas electorales,  por aquello del gasto superfluo y eliminar duplicidades, aunque de momento El Tinglado ve oportuno, con la razón y prudencia que le definen, mantener el teatrillo electoral. Además, no faltarán voces, las más keynesianas, que piensen en las contiendas electorales como un motor económico en estos tiempos difíciles.

El momento de suprimir las elecciones no ha llegado todavía, todo dependerá de a quién se le ocurra votar a los ciudadanos.

La Unión Soviética no comprendió las ventajas de dicho régimen. Quizá hubiesen sobrevivido si hubieran creado un sistema parecido, con dos partidos, por ejemplo el Partido Socialista de los Trabajadores y el Partido Popular Obrero. Con esto, alguna que otra gala del prorruso Raphael y una pizca de sociedad de consumo idiota hubieran tirado algunos años más, pero entonces se habrían convertido en nosotros y todo mi argumentario se desenmascararía como lo que realmente es: una gilipollez. Aun así, los ciudadanos hubieran dividido sus odios, en vez de enfocarlo hacia un sólo partido. Ahora, Putin parece comprenderlo.

Socio-liberal y liberal-conservador

Abundan opiniones en los medios, en las altas esferas económicas, en la política y demás vendepatrias, que imploran por un pacto entre los dos grandes partidos, supuestamente antagónicos, por el bien de España. El otrora siniestro Señor X, somnoliento consejero de Gas Natural y hoy flamante Hombre de Estado Felipe González acaba de manifestarse a favor, entre otros muchos, “si el país lo necesita”. Viniendo de él parece una amenaza. Con todo este ruido ponen la pelota en la cancha.

Dicho pacto, no nos engañemos, ha existido siempre. En el Parlamento Europeo votan lo mismo tres de cada cuatro veces y aquí cada día nos cuelan alguna teniendo como broche de oro la reforma del artículo 135 de la Constitución, la madre de todos los recortes. El único escollo que pueden tener los dos grandes partidos para alcanzar un acuerdo, no lo menospreciemos, es el siempre complicado reparto de sofás.

Mientras Cayo Lara sufre un ataque de cuernos, los simpatizantes y/o militantes de base del PP y del PSOE, por el momento no dan crédito a estos rumores, ven dicho pacto tan antinatura como trabajarle un anilingus a una zarigüeya. Demasiado tiempo educado en el odio al otro, forofeando en tertulias de política de taberna, para que de la noche a la mañana sean socios y compañeros.

Estado de las negociaciones

 

De verlo como algo “necesario” se encargará la maquinaría mediática que esparcirá el miedo correspondiente,  y la mayoría de simpatizantes del bipartido único acatarán. A los diez minutos les parecerá que esto ha sido así siempre. Habrá desertores por el camino, muchos negarán tres veces haber votado a alguno de estos partidos, en especial los del partido socialista, que es el partido absorbido en este caso, y el condenado a la desaparición.

 

Cuando se consolide el pacto mandaré una carta al director de El País, otro entusiasta del PPOE. “No vivo hasta que llega el domingo para deleitarme con la columna de Antonio Muñoz Molina…” comenzaré, si pretendo ser publicado. Pero el verdadero y noble motivo de la misiva será proponer la rehabilitación política de aquellos visionarios que fueron Tamayo y Sáez, que se negaron a pactar con los comunistas ya bastante tiempo atrás, por lo que sufrieron a todas luces un injusto linchamiento público.

Este pacto no es más que el siguiente paso en el guión del saqueo, que responde al cambio de régimen que estamos viviendo. De hecho ya existe en 10 países de la Unión Europea, y subiendo. Realmente no es malo que esto ocurra, pues a muchos se les caerá el palo del sombrajo. Por contra, las políticas que puedan ejercer estos años impunemente, sin pantomimas en el congreso y con barra libre, pueden destrozar la vida de millones de personas.

 

 

 

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